La Bienal de Venecia ha sido durante mucho tiempo un símbolo global de la libertad del arte, del diálogo cultural y de la defensa de la dignidad humana. Sin embargo, hoy, cuando Rusia continúa su guerra genocida contra Ucrania, la decisión de permitir que la Federación Rusa participe en la 61ª Exposición Internacional de Arte amenaza con socavar precisamente esos principios.
Desde el inicio de la invasión a gran escala en 2022, Rusia lleva a cabo una campaña sistemática de terror contra el pueblo ucraniano. Civiles son asesinados, niños son secuestrados, ciudades son destruidas y comunidades enteras son borradas de la faz de la tierra.
El patrimonio cultural de Ucrania se ha convertido en un objetivo deliberado: museos saqueados, bibliotecas incendiadas, archivos destruidos y monumentos históricos reducidos a ruinas. Artistas, escritores, periodistas y figuras culturales ucranianas han sido asesinados o se han visto obligados a abandonar sus hogares. Se trata de un esfuerzo coordinado dirigido a eliminar la identidad ucraniana.
A pesar de ello, el Kremlin busca ahora volver a la Bienal bajo el pretexto del intercambio cultural. La cultura en la Rusia contemporánea es inseparable del poder estatal. Como subrayó el Presidente del Congreso Mundial de los Ucranianos (CMU), Pavló Grod: «Rusia ha convertido la cultura en un arma, del mismo modo que ha convertido la historia en un arma y ha transformado el arte en un instrumento de propaganda, imperialismo y guerra».
El comisario anunciado del pabellón ruso tiene vínculos directos con el complejo militar-industrial ruso, lo que pone en evidencia la falsedad de su supuesta independencia. No menos alarmante es la cínica apropiación por parte del Kremlin de la retórica decolonial mientras reprime a los pueblos indígenas dentro del país y libra una guerra imperial en el extranjero. La participación de artistas de países que han sufrido la violencia de mercenarios rusos expone aún más la estrategia del Kremlin de manipular las narrativas globales y ocultar sus propios crímenes.
Permitir la participación de Rusia en la Bienal conlleva el riesgo de normalizar la agresión y de blanquear crímenes de guerra a través de plataformas culturales. Esto envía una señal peligrosa de que un Estado puede cometer genocidio mientras sigue disfrutando de los privilegios de la representación cultural global.
El Congreso Mundial de los Ucranianos hace un llamamiento a la comunidad internacional a:
- Condenar la participación de Rusia en la Bienal de Venecia y rechazar el uso por parte del Kremlin de instituciones culturales para legitimar su continua guerra de conquista;
- Reconocer la destrucción de la cultura ucraniana como una parte inseparable de la campaña genocida de Rusia;
- Expresar solidaridad con los artistas y las figuras culturales ucranianas, cuyas vidas, patrimonio e identidad continúan bajo ataque.
La Bienal de Venecia no debe convertirse en un escenario para el agresor. Debe seguir siendo un faro de verdad, justicia y dignidad humana: un lugar donde el arte se opone a la violencia, y no la oculta.