
Luba Lubchik, Presidenta del Consejo Coordinador Mundial de Educación (CCME) del Congreso Mundial de los Ucranianos (CMU)
Fuente: Lyubchyk en Facebook
“Los judíos están siendo llevados sin cesar. La gente los esconde, y los alemanes los encuentran y se los llevan. Y hasta el día de hoy, todavía podemos oír los disparos en Babi Yar” (I. Khorushonov, “El Primer Año de la Guerra”).
El 27 de enero es el Día Internacional del Recuerdo del Holocausto. Hoy también recordamos a los ucranianos que, arriesgando sus vidas, ocultaron a los judíos del terror fascista.
El 27 de enero de 1945, soldados del Primer Frente Ucraniano liberaron a los prisioneros de Auschwitz, revelando al mundo la verdad sobre la máquina de la muerte que segó la vida de 6 millones de judíos, de los cuales un millón y medio eran nuestros compatriotas.
El Mémorial de la Shoah es un Museo del Holocausto en París, ubicado en el distrito 4 de la capital francesa (el céntrico distrito de Marais), que contaba con una gran población judía al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. El museo abrió sus puertas en 2005, bajo la dirección del entonces presidente de Francia, Jacques Chirac. La entrada al museo es gratuita para que el mayor número posible de visitantes pueda experimentar plenamente la tragedia del pueblo judío.
Ya he recomendado la película «Simone, le voyage du siècle» («Simone, el viaje del siglo»), sobre el destino de una mujer extraordinaria, Simone Weil (de soltera Jacob), quien, nacida en una familia judía durante la Segunda Guerra Mundial y tras sobrevivir a las condiciones inhumanas del campo de concentración de Auschwitz, se convirtió en ministra de Sanidad francesa en varios gobiernos y en una líder en la lucha por los derechos de las mujeres.
La película “Simone, el viaje del siglo” me impactó tanto que quise visitar este lugar con un destino trágico (“Shoah” significa “catástrofe” en hebreo).
Por cierto, en el Muro del Recuerdo, cerca del Memorial, entre los miles de nombres de judíos exterminados, encontré los de los padres, hermanos y hermanas de Simone Weil.
No son solo nombres grabados en piedra, sino más de 6 millones de vidas humanas destruidas solo por su nacionalidad.
En esos muros de dolor están los nombres de más de 76.000 judíos deportados de Francia a campos de concentración fascistas, 11.400 de ellos niños. En las salas del museo hay paredes con fotografías de judíos ejecutados, torturados, quemados y fusilados, sus pertenencias, joyas y reliquias familiares… Detrás de esas fotografías, vídeos y archivos documentales de supervivencia en campos de concentración se esconden dolor y desesperanza…
Es difícil comprender que se está produciendo un genocidio en el centro de Europa: esta vez, la hostil Rusia está destruyendo a la nación ucraniana… Los métodos de destrucción son idénticos: igualmente crueles y audaces.
¡Duele muchísimo!
Fotografía: Shutterstock