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Bienal sin neutralidad: cómo los ucranianos en Italia responden

#Accióncomunitaria#Opinión
marzo 12,2026 61
Bienal sin neutralidad: cómo los ucranianos en Italia responden

Rusia regresa a la Bienal de Venecia, lo que ha provocado una ola de indignación internacional. Los organizadores anunciaron que la Federación Rusa presentará un pabellón bajo la dirección de Anastasia Karneeva — hija de un general del FSB. A pesar de una pausa de dos años, el regreso del agresor ha provocado protestas masivas: 22 países ya han firmado una declaración contra esta participación, y el presidente del Congreso Mundial de los Ucranianos (CMU) se ha sumado al llamamiento de la comunidad internacional para impedir la participación de Rusia.

Olena Kim, vicepresidenta del miembro asociado del CMU en Italia — la Red de Asociaciones para Ucrania (NAU) — subraya: los lemas sobre el “arte fuera de la política” son solo una trampa que encubre un intento de normalizar a un Estado terrorista. A continuación, sus palabras.

Hoy la sociedad italiana se encuentra profundamente dividida. Por un lado, existe un sincero apoyo a Ucrania; por otro, una fuerte y sofisticada influencia de la propaganda rusa, que utiliza la cultura como instrumento de rehabilitación. Para nosotros, los ucranianos, los lemas sobre el “arte fuera de la política” y el “rechazo a la censura” cada vez parecen más una conveniente cortina que oculta la falta de responsabilidad moral y el deseo de volver al negocio habitual con Rusia.

La Bienal: lucha contra la “neutralidad”

El regreso de Rusia a la Bienal de Venecia ha provocado una ola de protestas. La comunidad ucraniana y diplomáticos europeos enviaron cartas y peticiones al Ministerio de Cultura de Italia y a la dirección de la exposición. Entre los firmantes hay influyentes políticos, como la vicepresidenta del Parlamento Europeo Pina Picierno, y artistas de nivel mundial.

La Red de Asociaciones para Ucrania (RAU) se dirigió al Ministerio de Cultura y a la dirección de la Bienal exigiendo que no se permita la aparición del pabellón ruso.

Aunque los organizadores afirman tener una influencia limitada sobre la decisión, estas cartas tienen un gran significado simbólico: demuestran solidaridad, atraen la atención de los medios y generan presión sobre las instituciones culturales.

El Ministerio de Cultura de Italia expresó claramente su posición contra la participación de Rusia, reconociendo la responsabilidad moral y política. Al mismo tiempo, las instituciones culturales apelan a la “neutralidad” y a la “autonomía”, buscando preservar la libertad de las decisiones creativas. Sin embargo, esta autonomía no es absoluta: la financiación de la Bienal proviene del Estado y de la Unión Europea, y los organizadores tienen responsabilidad ante la sociedad y los patrocinadores.

Los pabellones nacionales son organizados por los países participantes, y los intereses comerciales y financieros a menudo influyen en las decisiones. La presencia rusa puede resultar beneficiosa a través de redes de socios, patrocinadores y coleccionistas, incluso si formalmente la Bienal no acepta dinero de Rusia.

También es importante la influencia informativa y propagandística. La propaganda rusa crea la imagen de “grandes artistas”, lo que permite a algunas instituciones justificar la presencia de Rusia con argumentos culturales, ocultando el problema moral.

Por ejemplo, el concierto previsto de la bailarina rusa Svetlana Zajarova en Roma en marzo de 2026 genera preocupación: es miembro de “Rusia Unida”, exdiputada de la Duma Estatal y persona de confianza de Vladimir Putin. Para nosotros, esto demuestra que la elección moral a menudo cede ante intereses financieros o de imagen, y que la cultura no puede existir en el vacío.

No solo la Bienal

El problema de la normalización del agresor no se limita a los escenarios teatrales o a las galerías de arte. Se extiende a todas las esferas donde se forma la imagen internacional de un Estado, y el deporte desempeña aquí uno de los papeles clave. Los Juegos Paralímpicos de Invierno en Milán y Cortina se convirtieron en otro punto de tensión, ya que demostraron un precedente peligroso: el regreso de la bandera y el himno rusos a la arena mundial.

Las comunidades locales ayudan activamente a los refugiados ucranianos y apoyan iniciativas humanitarias, pero la aparición simultánea de símbolos del agresor generó una fuerte disonancia emocional. Para muchos, esto parece una mezcla inaceptable entre deporte y guerra.

En la sociedad surgieron divisiones: algunos consideran que “el deporte debe estar fuera de la política”, mientras que otros subrayan que la participación de Rusia bajo su bandera nacional significa legitimar al agresor. Algunos países limitaron las transmisiones, y parte de las delegaciones boicotearon la ceremonia de apertura. La delegación rusa fue recibida con silencio o aplausos moderados, mientras que otros países recibieron pleno apoyo.

El presidente del Comité Paralímpico Internacional (CPI), Andrew Parsons, declaró que “el pasado en el campo de batalla no importa” para los militares rusos heridos que participan en las competiciones. Para nosotros, esto es imposible: el deporte no puede separarse de lo que ocurre en el frente. Los paralímpicos rusos podrían haber participado en bombardeos o apoyar la política agresiva de su país.

Mostramos a los italianos historias concretas de ciudades y personas —Bucha, Mariúpol, Járkiv— a través de fotos, videos y testimonios de refugiados. Esto ayuda a comprender que los “atletas de Rusia” son representantes de un Estado agresor y que el deporte no existe fuera de la realidad moral y política.

Organizamos encuentros y debates en escuelas y centros culturales, y colaboramos con medios de comunicación para que estas historias lleguen a una amplia audiencia. Esto permite a los italianos ver la verdad detrás de la narrativa deportiva y evitar la normalización de la presencia de Rusia en espacios internacionales.

La cultura como campo de lucha

Hoy la cultura rusa se utiliza no solo como patrimonio artístico, sino como instrumento de influencia política del Kremlin. En Italia tradicionalmente se valoran los clásicos —Pushkin, Chaikovski, Dostoyevski, el ballet “El lago de los cisnes”— pero detrás de estas representaciones a menudo se encuentran estructuras estatales y propaganda. Ejemplos de ello son Casa Russa Roma y otros centros oficiales que organizan conferencias, exposiciones, cursos y eventos culturales, formando una imagen positiva de Rusia y desviando la atención de su agresión.

La comunidad ucraniana en Italia responde a esto mediante conferencias, festivales, exposiciones culturales y proyectos creativos infantiles que muestran las historias reales de la guerra. Festivales, conciertos, eventos artísticos y actos de memoria —como el evento “Almas de Mariúpol”, previsto para el 14 de marzo en Milán— explican a los italianos la diferencia entre el valor del arte y el uso político de la cultura.

Una estrategia eficaz incluye:

  • Comunicación constante con los medios — entrevistas, cartas abiertas e historias humanas.
  • Acciones públicas pacíficas y flashmobs — que demuestran el rechazo social a la normalización del agresor.
  • Cooperación con aliados locales — artistas, periodistas, políticos y organizaciones civiles.
  • Cultura como respuesta a la propaganda — festivales, conciertos, exposiciones, proyectos infantiles, poesía y música.

La memoria de las víctimas de la guerra ayuda a la sociedad europea a comprender la magnitud de la agresión. El consejo para los ucranianos en diferentes países es ser visibles, coherentes y trabajar con aliados locales para que el mundo no olvide que la guerra continúa y que la cultura no puede justificar al agresor.

Fotografía: DepositPhotos

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