30 de octubre de 2026 — El Congreso Mundial de los Ucranianos (CMU) insta a la Federación Internacional de Halterofilia (IWF) a revocar su decisión de conceder a Moscú el derecho a organizar el Campeonato Mundial de Halterofilia de 2030. Esta decisión constituye una concesión al Kremlin y una traición a los valores fundamentales del deporte.
El 25 de octubre, la IWF concedió a Moscú el derecho a organizar el primer campeonato mundial absoluto de un deporte olímpico en Rusia desde el inicio de la invasión a gran escala de Ucrania en 2022. Esta competición servirá como torneo clasificatorio para los Juegos Olímpicos de 2032. Cuatro días después, el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) ordenó a la Federación Internacional de Hockey sobre Hielo (IIHF) restablecer la participación de Rusia en sus campeonatos, pese a las propias reservas de la IIHF en materia de seguridad. A partir del Campeonato Mundial Juvenil de 2027, que se celebrará en Canadá, Rusia volverá a participar en las competiciones de la IIHF. Desde que el Comité Olímpico Internacional (COI) levantó en julio la suspensión del Comité Olímpico Ruso, una federación internacional tras otra ha ido devolviendo a Rusia su bandera, su himno y su lugar en las competiciones internacionales, pese a que la guerra continúa.
“Esta decisión supone una capitulación ante un Estado que sigue librando una guerra de agresión contra Ucrania”, declaró el presidente del CMU, Pavló Grod. “Mientras los misiles rusos matan a deportistas ucranianos y las tropas rusas ocupan territorio ucraniano, la IWF ha decidido regalarle una celebración a Moscú. No existe la neutralidad cuando se ofrece una plataforma para la propaganda de un Estado agresor. La IWF debe revocar esta decisión”.
La posición del CMU
- Un precedente peligroso para el deporte internacional. Cada concesión a Rusia facilita la siguiente. Lo que comenzó como una participación limitada bajo estatus neutral se está convirtiendo gradualmente en el restablecimiento pleno de la presencia rusa en el deporte internacional. Rusia ya está asegurando su regreso no solo mediante decisiones de las federaciones deportivas, sino también a través de mecanismos judiciales. Esto envía una señal peligrosa: que la agresión militar, la ocupación de territorios y las graves violaciones del derecho internacional pueden no tener consecuencias a largo plazo.
- El deporte no puede convertirse en un instrumento para legitimar la agresión. El Kremlin utiliza sistemáticamente los grandes acontecimientos deportivos para proyectar una imagen de «normalidad» internacional y legitimidad política. La celebración de un campeonato mundial en Moscú o el regreso de las selecciones rusas a las competiciones internacionales crean la impresión de que la guerra contra Ucrania ya no es un obstáculo para la plena participación de Rusia en la vida mundial. Las organizaciones deportivas internacionales deben ser conscientes de que sus decisiones tienen consecuencias no solo deportivas, sino también morales y sociales.
- Los deportistas ucranianos no deben pagar el precio de estas decisiones. Como consecuencia de la agresión rusa, han muerto deportistas y entrenadores ucranianos, se han destruido instalaciones deportivas en todo el país y miles de jóvenes atletas han perdido la posibilidad de entrenar y competir en condiciones normales. En estas circunstancias, es inaceptable que los deportistas ucranianos se vean obligados a boicotear competiciones internacionales, perder oportunidades de clasificación o ceder su lugar en torneos internacionales para facilitar el regreso del Estado agresor.
- La integridad y la seguridad deben seguir siendo prioridades del deporte. El historial de escándalos de dopaje en Rusia y los riesgos para la seguridad que las propias federaciones internacionales habían señalado anteriormente hacen que estas decisiones sean especialmente injustificadas. Socavan la confianza en las instituciones deportivas internacionales y ponen en duda su compromiso con los principios de justicia, responsabilidad y juego limpio.
El CMU insta a:
- La Federación Internacional de Halterofilia (IWF) a revocar la decisión de celebrar el Campeonato Mundial de 2030 en Moscú.
- La Federación Internacional de Hockey sobre Hielo (IIHF) a utilizar todos los mecanismos disponibles para limitar las consecuencias de la decisión del TAS, garantizar que ningún equipo —y especialmente la selección de Ucrania— quede excluido de las competiciones, y prohibir el uso de la bandera, el himno y los símbolos estatales rusos.
- Hockey Canadá y a los organizadores del Campeonato Mundial Juvenil a garantizar que las pistas de hielo canadienses no se conviertan en plataformas para glorificar al Estado agresor.
- Al Comité Olímpico Internacional (COI) a revisar su decisión del 7 de julio y garantizar que las competiciones clasificatorias para los Juegos Olímpicos no se celebren en Estados agresores.
- A las federaciones nacionales, los deportistas, los patrocinadores y los medios de comunicación a pronunciarse públicamente contra estas decisiones y a negarse a legitimarlas mediante su participación, apoyo o cobertura informativa.
- A los Gobiernos de los distintos países a abstenerse de apoyar competiciones deportivas en Rusia y, al acoger acontecimientos deportivos internacionales, utilizar todos los instrumentos disponibles, incluidas las decisiones sobre visados y entrada al país de representantes del Estado agresor.
Los principios del juego limpio van más allá del terreno deportivo
El deporte se basa en las reglas, el respeto mutuo y la responsabilidad. Un Estado criminal que ha invadido un país vecino, ocupado sus territorios y continúa librando una guerra devastadora no puede considerarse un anfitrión legítimo de acontecimientos deportivos internacionales ni debe ser readmitido en la comunidad deportiva mundial como si nada hubiera ocurrido.
El deporte internacional debe unir a las personas en torno a valores comunes de paz, respeto e integridad. No puede convertirse en un instrumento para olvidar o normalizar la agresión.
El deporte nunca debe ser una recompensa por la guerra y el terror. El CMU insta a los líderes deportivos a demostrar responsabilidad moral y defender los valores sobre los que se sustenta el deporte internacional.
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