En Rusia se celebraron elecciones parlamentarias del 18 al 20 de septiembre. El resultado estaba decidido de antemano. “Rusia Unida”, el partido que está en el poder en el Kremlin, afirma haber obtenido 355 de los 450 escaños de la Duma Estatal, una cifra récord para el partido en toda su historia. Todos los partidos que ingresan al Parlamento apoyan la guerra contra Ucrania. El único partido reconocido como contrario a la guerra no fue autorizado a participar en las elecciones.
Después de 26 años en el poder, Vladímir Putin ha eliminado cualquier oposición política real. Sus críticos están en prisión, en el exilio o han muerto. Los medios de comunicación independientes están prohibidos. “Golos”, la única organización independiente de observación electoral en Rusia, fue liquidada y su copresidente fue encarcelado. Las elecciones celebradas en estas condiciones carecen de legitimidad.
“Los rusos no tienen una verdadera opción en las urnas desde hace más de dos décadas”, declaró el Presidente del Congreso Mundial de los Ucranianos (CMU), Pavló Grod, durante su intervención en la Asamblea General de la ONU en Nueva York. “Rusia debe celebrar elecciones libres y justas. Mientras no lo haga, ningún Gobierno debería considerar legítimos los resultados de esta votación ni al propio Putin”.
Rusia también organizó votaciones en territorios ocupados de Ucrania, incluidos Crimea y zonas ocupadas de las regiones de Donetsk, Lugansk, Zaporiyia y Jersón. Los habitantes fueron obligados a votar, bajo la amenaza de las armas, por un Estado que está librando una guerra contra ellos. Cualquiera que haya sido “elegido” allí no posee ninguna autoridad legítima.
“Putin es un líder ilegítimo con una misión mesiánica de restaurar el Imperio ruso”, señaló Grod. “Ucrania se interpone en su camino y debe recibir apoyo. El mundo no puede normalizar las relaciones con un dictador y criminal de guerra”.
El CMU llama a la comunidad internacional a:
- Rechazar los resultados de las elecciones parlamentarias en Rusia.
- Imponer sanciones contra cada funcionario “elegido” en los territorios ocupados de Ucrania, incluidos Crimea y las regiones de Donetsk, Jersón, Zaporiyia y Lugansk, así como contra todos aquellos que organizaron o apoyaron estas votaciones.
- Negarse a reconocer a Putin como líder legítimo y a normalizar las relaciones con su régimen.
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