Cuando en marzo de 2022 comenzaron a reunirse en Eslovenia personas que querían ayudar a Ucrania, todavía no sabían que de aquella iniciativa voluntaria surgiría posteriormente una organización con presidente, consejo de supervisión, director ejecutivo, comités y una estrategia propia de desarrollo.
En los primeros encuentros había ocho o nueve personas. Se conocieron en manifestaciones, almacenes de ayuda humanitaria y otras actividades de voluntariado. Y aunque algunas de ellas dejaron posteriormente de participar en las iniciativas, quienes permanecieron comenzaron a pensar no solo en qué hacer por Ucrania hoy, sino también en cómo debería ser una organización ucraniana en Eslovenia dentro de varios años.
Así, en julio de 2023 se registró oficialmente la organización de ucranianos en Eslovenia “Juntos” (Društvo Ukrajincev v Sloveniji Razom).
Hoy, la organización reúne a unos 100 miembros permanentes y, en determinados eventos en línea, congrega a más de 600 participantes. “Juntos” organiza actividades culturales, ayuda a los ucranianos a integrarse en Eslovenia, recauda fondos para Ucrania, desarrolla labores de incidencia, trabaja con jóvenes y coopera con instituciones estatales eslovenas.
Pero, según la presidenta del Consejo de Supervisión, Ala Savchenko, y el vicepresidente, Oleg Rogoza, su principal diferencia no está en el número de actividades. Desde el principio intentaron construir un sistema que no se desmoronara si una sola persona abandonaba la organización.
Del voluntariado a la organización
Oleg Rogoza se trasladó a Eslovenia con sus padres en 2012. Allí aprendió esloveno, estudió, durante un tiempo vivió en otros países y posteriormente regresó definitivamente a Eslovenia.
Cuando comenzó la invasión a gran escala, Oleg se encontraba en una posición particular: conocía bien tanto el contexto ucraniano como el esloveno, dominaba los idiomas y tenía contactos en ambos entornos. Por eso se convirtió rápidamente en una de las personas que ayudaron a organizar a la comunidad ucraniana.
Ala Savchenko llegó a Eslovenia después del comienzo de la guerra a gran escala. Trabaja en una empresa internacional con representación en 166 países y prácticamente podía elegir cualquiera de ellos para trasladarse. Finalmente se quedó en Eslovenia, país que ya visitaba con frecuencia antes de la guerra debido a que su hija estudiaba allí.
Ala Savchenko y Oleg Rogoza.
En mayo de 2022, Savchenko acudió a su primera manifestación en apoyo de Ucrania y comenzó a buscar cómo podía ser útil. Allí conoció a activistas que posteriormente le propusieron incorporarse a la organización.
Al principio, los activistas trabajaban como una iniciativa voluntaria. Pero muy pronto quedó claro que para desarrollar una labor más seria necesitaban una entidad jurídica.
“Queríamos de alguna manera canalizar todo este flujo de energía y deseo de ayudar hacia donde fuera necesario, y conservarlo para cuando ese deseo fuera menor”, explica Rogoza.
La estructura jurídica también era necesaria por razones completamente prácticas: abrir una cuenta bancaria, recibir fondos, realizar compras o establecer acuerdos oficiales sin una entidad jurídica resultaba complicado. Por eso, en julio de 2023, “Juntos” fue registrada oficialmente.
Una de las primeras decisiones de la organización fue no quedarse simplemente como un grupo de activistas que se reúne cada vez para una acción concreta.
Oleg propuso utilizar herramientas digitales desde el principio: reunirse a través de Zoom, almacenar documentos en Google Drive y, para la comunicación diaria, pasar de numerosos chats de Facebook y Telegram a Slack. La transición no fue sencilla, pero permitió crear un único entorno de trabajo.
Paralelamente, comenzaron a trabajar en la misión, la visión y la estrategia. “Desde el principio intentamos analizar nuestro trabajo estratégicamente: nos reuníamos, discutíamos qué organización queríamos construir, qué objetivos perseguíamos y qué papel debía desempeñar para los ucranianos en Eslovenia”, recuerda Savchenko.
Con el tiempo, en la estructura aparecieron un Consejo de Supervisión, un presidente, vicepresidentes y un director ejecutivo. Para las comunidades ucranianas en el extranjero, este modelo no es habitual, pero Rogoza considera que es importante incluso cuando la organización todavía es pequeña.
No se trata de crear una jerarquía complicada, sino de distribuir responsabilidades. Las cuestiones administrativas y contables tienen responsables específicos; las comunicaciones oficiales, los suyos; y las decisiones estratégicas cuentan con su propio nivel de gestión.
“Si no hubiéramos hecho esto y hubiéramos seguido trabajando como un gran grupo, ahora sería mucho más difícil repartir las responsabilidades y tener una estructura”, afirma Rogoza.
El siguiente paso es la gestión por proyectos. Por ejemplo, en el área jurídica inicialmente había un solo responsable, pero posteriormente se incorporaron otros abogados. Ahora la organización quiere contar con equipos similares en cada área: tres, cinco o siete personas.
La razón es sencilla: si todo un ámbito de trabajo depende de una sola persona, tarde o temprano esa persona se agota. La actividad comunitaria requiere mucho tiempo y energía, y combinarla durante años con el trabajo, la familia y la vida personal resulta prácticamente imposible sin un equipo.
“Por muy fuerte que sea la persona que dirige un área, no podrá desarrollarla por sí sola. Por eso nuestra tarea es formar gradualmente alrededor de cada líder un equipo que pueda cambiar con el tiempo, pero que siempre permanezca”, afirma Savchenko.
Precisamente aquí es donde el modelo de “Juntos” se diferencia más de una comunidad que depende de unos pocos activistas imprescindibles. Para la organización no basta con encontrar personas dispuestas a trabajar: también es necesario crear un sistema en el que el trabajo pueda ser transferido a otros.
Trabajar allí donde es difícil
En Eslovenia, cuya población supera ligeramente los dos millones de habitantes, antes de la guerra a gran escala vivían unos 2.500 ucranianos. Después de 2022, su número aumentó hasta aproximadamente 10.000.
“Queríamos ser una organización de masas. Queríamos unir al mayor número posible de ucranianos”, afirma Savchenko.
Pero la participación masiva también genera sus propios problemas, añade. Las personas llegan con experiencias, motivaciones y expectativas diferentes. Algunos activistas se cansan con el tiempo o abandonan Eslovenia. Cada año resulta más difícil encontrar personas dispuestas no solo a acudir a un evento, sino a asumir la responsabilidad de organizarlo.
Por eso, en “Juntos” consideran importante no solo aumentar el número de miembros, sino también crear diferentes oportunidades para que participen en la vida de la comunidad. Esto es especialmente importante en el caso de los jóvenes. Las personas están más dispuestas a participar en actividades donde no solo las une el objetivo común de ayudar a Ucrania, sino también la posibilidad de conocerse, conversar y pasar tiempo juntas. Por eso la organización celebra encuentros familiares e informales. A través de estas actividades, los activistas intentan incorporar gradualmente a los jóvenes a otros proyectos de la comunidad.
“Cuando las personas se encuentran en el extranjero, no solo necesitan la posibilidad de ayudar a Ucrania, sino también un espacio para comunicarse y vivir en un entorno ucraniano”, explica Rogoza.
El ámbito cultural es uno de los que más activamente se están desarrollando. La organización celebra actividades dedicadas a la vyshyvanka ucraniana, la música y la gastronomía, además de organizar exposiciones y representaciones navideñas tradicionales.
Savchenko está especialmente orgullosa de una exposición de antiguas vyshyvankas ucranianas organizada en colaboración con un museo etnográfico de Liubliana. La principal organizadora del evento fue la coleccionista y representante del Consejo de Supervisión de “Juntos”, Natalia Kholod. El objetivo de la exposición no era simplemente mostrar ropa tradicional, sino presentar la cultura ucraniana como parte del patrimonio cultural mundial. Actualmente, los organizadores planean llevar esta exposición a diez países.
Las actividades culturales también ayudan a resolver otra tarea: atraer a los eslovenos. A diferencia de la incidencia política, la cultura genera menos resistencia y se convierte en una forma de hablar de Ucrania con un público más amplio.
La labor política también sigue siendo importante. “Juntos” organiza regularmente manifestaciones, publica cartas abiertas y promueve los intereses ucranianos en Eslovenia. Uno de los resultados de este trabajo fue el reconocimiento por parte de Eslovenia del Holodomor como genocidio del pueblo ucraniano.
La comunidad ucraniana trabajó en esta cuestión junto con la Embajada de Ucrania: recogió firmas, escribió a diputados e involucró a organizaciones eslovenas y ucranianas. Durante los debates parlamentarios, los diputados citaron directamente las cartas de la comunidad ucraniana como argumento a favor de la decisión.
Eslovenia tiene sus propias particularidades. A diferencia de los países de Europa Central y Oriental, la sociedad eslovena no tiene experiencia de ocupación soviética ni de enfrentamiento directo con Rusia. Por ello, la actitud hacia la agresión rusa suele ser más neutral.
Rogoza también habla de la fuerte propaganda rusa en las redes sociales. A las manifestaciones ucranianas acuden personas con banderas rusas que intentan interferir en las actividades poniendo música rusa. Según él, en los comentarios de los medios eslovenos sobre Ucrania suelen predominar las reacciones prorrusas o escépticas hacia Ucrania.
Precisamente por eso, para “Juntos” no solo es importante ayudar a los ucranianos, sino también desarrollar una labor sistemática de incidencia: trabajar con el Parlamento, el Gobierno, los ministerios eslovenos, la Embajada y otras organizaciones.
La maduración de “Juntos”
Savchenko y Rogoza hablan del desarrollo de “Juntos” casi como una etapa independiente de maduración. Durante sus primeros años, la organización pasó de ser un grupo de voluntarios a convertirse en una estructura con la que ya trabajan instituciones oficiales. Ahora su siguiente tarea es la institucionalización.
Esto implica incorporar a más personas, conseguir una financiación estable, desarrollar la captación de fondos y crear mecanismos que permitan a la organización funcionar independientemente de personas concretas.
Savchenko ya piensa en cómo funcionará la organización cuando algunos de sus actuales líderes regresen a Ucrania.
“Construyan una organización que sobreviva a sus fundadores”, aconseja.
Para ello se necesita una base de conocimientos compartida, procesos documentados, normas, un código de ética y la posibilidad de transferir responsabilidades de unas personas a otras.
Al mismo tiempo, en “Juntos” intentan no solo construir su propio sistema, sino también compartir las herramientas desarrolladas con otros. El equipo adaptó para las comunidades ucranianas una guía sobre el uso de la inteligencia artificial, especialmente para organizaciones que trabajan con recursos humanos y financieros limitados, pero que quieren desarrollar proyectos y conseguir financiación mediante subvenciones. La guía está disponible para otras organizaciones ucranianas y puede ser utilizada por ellas en su propio trabajo.
Este enfoque refleja bien la filosofía de la comunidad: la experiencia no debe quedarse dentro de la propia organización. Si una herramienta funciona, puede transmitirse a otra comunidad que se enfrente al mismo problema.
Además, para “Juntos” un paso importante fue su incorporación al CMU. Savchenko afirma que se identifica con los tres focos estratégicos del CMU: la victoria de Ucrania, su reconstrucción y la construcción de un mundo ucraniano fuerte. Precisamente desde este marco, la organización analiza cada vez más su propio papel en Eslovenia: no solo ayudar a los ucranianos, sino representar a Ucrania, contribuir a su reconstrucción y construir una comunidad ucraniana fuerte.
La lógica de “Juntos” puede resumirse en una fórmula sencilla: comenzar con las personas, pero no detenerse en ellas. Las personas son el recurso más importante, pero sin un objetivo común, una estrategia y confianza, pronto se dispersarán. Y si todo el trabajo depende de un único líder, la organización se vuelve vulnerable.
Por eso, la organización intenta simultáneamente ampliar la comunidad y construir un sistema capaz de soportar su crecimiento.
“No tengan miedo; canalicen su rabia contra los rusos, su energía”, afirma Savchenko al recordar su propia motivación para trabajar por Ucrania. Considera que, una vez terminada la guerra, algunos ucranianos regresarán a Ucrania y otros permanecerán en el extranjero. Y quienes se queden tendrán un papel importante: ser representantes y defensores de Ucrania en sus nuevos países.
Precisamente por eso, para “Juntos”, una comunidad con capacidad de acción no es aquella en la que unas pocas personas son capaces de hacerlo todo. Es aquella que consigue que el trabajo de unas pocas personas sea asumido gradualmente por decenas y, posteriormente, por cientos.









