La apertura del Centro de Unidad en Berlín, que tuvo lugar el 15 de abril, se convirtió en otro símbolo de que la comunidad ucraniana en Alemania, que hoy es la más grande de Europa, está pasando de la etapa de “supervivencia” a la etapa de “estructuración”.
Esta transición también se ve respaldada por la dinámica socioeconómica: el número de ucranianos empleados en Alemania crece de forma constante. Si en enero de 2022, antes del inicio de la afluencia masiva de refugiados, eran alrededor de 65 mil, para noviembre de 2025 esta cifra había aumentado a 373 mil (incluyendo a ciudadanos de Ucrania que no tienen estatus de refugiados). A enero de 2026, alrededor de 523 mil ciudadanos ucranianos estaban registrados como personas en edad laboral en los centros de empleo locales.
Al mismo tiempo, en Alemania están aumentando las actitudes críticas hacia los refugiados ucranianos, según encuestas. Esto se relaciona en parte con una nueva ola de llegada de hombres jóvenes desde septiembre de 2025, cuando Ucrania permitió la salida de jóvenes de entre 18 y 22 años. Una encuesta sociológica realizada a finales de 2025 por encargo de Bild mostró que el 66% de los alemanes se oponen a la continuación de los pagos de Bürgergeld para los refugiados ucranianos, mientras que solo el 17% de los encuestados apoya esa idea.
El Congreso Mundial de los Ucranianos (CMU) conversó con Rostislav Sukennik, presidente de la Asociación de Organizaciones Ucranianas en Alemania, sobre cómo el nuevo centro cambiará la vida de la comunidad, por qué los alemanes admiran a los ucranianos y cómo la “diplomacia cultural” rusa intenta nuevamente envenenar el espacio europeo.
Integración sin asimilación
La idea del centro de unidad es simple, pero fundamental: reunir distintas iniciativas ucranianas bajo un mismo techo. Además, la existencia de una “casa” propia en Berlín cambia significativamente la posición de la comunidad en el diálogo con la sociedad alemana.
La comunidad ucraniana en Alemania no es homogénea. Una parte se ha formado durante años: personas que eligieron conscientemente Alemania, construyeron sus carreras y se integraron gradualmente. La otra es una nueva ola de desplazados forzosos que llegaron debido a la guerra. Para los primeros, Alemania es un hogar; para los segundos, por ahora es un refugio temporal, y esta diferencia determina многое.
Alemania ha proporcionado un amplio paquete de apoyo: vivienda, seguro médico, asistencia social. Pero la lógica de este apoyo se basaba en un modelo migratorio clásico, mientras que los ucranianos se marcharon por la guerra, lo que influye tanto en la motivación como en el ritmo de adaptación. Parte de las personas planea regresar tras el fin de las hostilidades; otras ya están construyendo una vida a largo plazo, aprendiendo el idioma y buscando trabajo.
Las organizaciones ucranianas han respondido a estos desafíos desarrollando un enfoque común de integración: el idioma como base, el trabajo como fundamento de la independencia, la apertura como vía hacia la aceptación. Este modelo no solo reduce la dependencia del sistema social, sino que también crea oportunidades sostenibles a largo plazo. Al mismo tiempo, la comunidad preserva el idioma, la cultura y el vínculo con Ucrania, sin aspirar a una asimilación completa, pero tampoco aislándose.
También es importante la interacción entre las dos partes de la comunidad. Quienes llevan años en Alemania tienen experiencia y conocimientos; quienes llegaron después de 2022 tienen energía y motivación. Juntos pueden formar una comunidad realmente influyente.
Los ucranianos en los ojos de los alemanes
En el contexto de los procesos de integración, también se desarrolla otra lucha: por el espacio informativo y cultural. Rusia abandonó la propaganda directa y pasó a instrumentos más complejos: trabajo con los estados de ánimo sociales, apoyo a fuerzas políticas populistas y manipulación en torno al tema de los gastos en Ucrania.
El Kremlin “echa leña al fuego” en temas sensibles dentro de Alemania, promoviendo, entre otras cosas, la idea de que “si no fuera por Ucrania, el dinero destinado a ayudar a los refugiados podría haberse invertido en escuelas, hospitales, etc.”.
Paralelamente, los rusos están devolviendo su “diplomacia cultural” a los escenarios europeos —a través de teatros, música y proyectos artísticos— formando una imagen de “alta cultura” que oculta la agresión.
La respuesta a este desafío es la presencia. La tarea clave para los ucranianos sigue siendo trabajar con la audiencia germanoparlante, participar en grandes instituciones culturales y crear productos comprensibles para el público amplio.
Y esto ya está ocurriendo. La actitud de los alemanes hacia los ucranianos es en general positiva: se les percibe como personas educadas y trabajadoras, y en la mayoría de los casos estas expectativas se cumplen. Hay empleadores que deliberadamente forman equipos con ucranianos precisamente por su fiabilidad.
Alemania ve a los ucranianos como personas educadas, como aquellos que aman, saben y quieren trabajar. Como personas que no desean depender del Estado. La actividad voluntaria de la comunidad —ayuda no solo a los suyos, sino también a los locales— añade a esta imagen un sentido de responsabilidad y compromiso.
Así, la comunidad ucraniana se convierte gradualmente en un factor de diplomacia informal. A través de contactos personales, del trabajo y de la participación en la vida social, forma la percepción de Ucrania —a menudo de manera más eficaz que cualquier comunicación oficial—. El Centro de Unidad en Berlín es solo una de las herramientas de este proceso. Pero muestra lo principal: la comunidad ucraniana está pasando de reaccionar a la crisis a construir su propio futuro.
Fotografía: DepositPhotos