7 de julio del 2026
El Congreso Mundial de los Ucranianos (CMU) condena en los términos más enérgicos la decisión del Comité Olímpico Internacional (COI) de readmitir a rusia y belarús en la competición olímpica. No se trata de una cuestión deportiva, sino moral, y el COI ha fallado. Esta decisión es una ofensa no solo contra Ucrania, sino contra la humanidad entera.
rusia comete crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad. La gran mayoría de los Estados miembros de las Naciones Unidas ha condenado su agresión. La Corte Penal Internacional ha emitido órdenes de arresto contra sus dirigentes. Cada día, los misiles y drones rusos destruyen edificios residenciales, escuelas y hospitales. Las fuerzas rusas matan a civiles y secuestran a niños. Son atrocidades ampliamente documentadas.
Mientras esa destrucción continúa, el COI ha decidido premiar al Estado que la comete. Atletas formados y financiados por el mismo régimen que libra esta guerra competirán cínicamente junto a las personas que ese régimen busca ocupar o destruir. Es repugnante, moralmente inaceptable e inhumano.
La presidenta del COI, Kirsty Coventry, defiende la decisión con el argumento de que los atletas no deben pagar por los actos de sus gobiernos. Ese argumento invierte la realidad. En rusia, el deporte es un instrumento del Estado. Destacados atletas rusos ostentan rangos militares, compiten por clubes deportivos del ejército y de los servicios de seguridad, y han participado en actos de apoyo a esta guerra. Las propias normas del COI lo reconocían: el estatus neutral exigía no tener vínculos con el ejército ni con los servicios de seguridad, ni haber apoyado públicamente la guerra. Al eliminar esa verificación, el COI no ha protegido a atletas inocentes; ha desmantelado la única salvaguardia que separaba al atleta de la maquinaria de guerra del Estado que lo financia.
El Estado ruso financia a estos atletas y los utiliza como instrumentos de su máquina de propaganda. Muchos han apoyado públicamente la invasión, al igual que la mayoría de la sociedad rusa.
Y si los atletas no deben pagar por los actos de los gobiernos, ¿qué decir de los atletas ucranianos? Cientos han muerto por los ataques rusos. Miles han perdido sus hogares, sus entrenadores y sus centros de entrenamiento. Ellos son quienes pagan por los actos de un gobierno, y ese gobierno no es el suyo.
«La Carta Olímpica habla de paz y dignidad humana. No existe lectura de esas palabras que permita el regreso bajo la llama olímpica de un Estado que comete crímenes de lesa humanidad mientras sus bombas siguen cayendo sobre hospitales y escuelas», declaró el Presidente del CMU, Pavló Grod. «Esto no es neutralidad. Es complicidad».
El CMU exige:
La llama olímpica debe representar la paz. Con esta decisión, arderá mientras los misiles rusos incendian hogares, escuelas y hospitales ucranianos, y cada medalla colgada del cuello de un atleta financiado por el Estado será reclamada como trofeo por el régimen que libra esta guerra. El COI todavía puede elegir: estar del lado de las víctimas de la agresión o del lado del agresor. Que revierta esta decisión, o la historia registrará que el Movimiento Olímpico coronó a rusia como campeona olímpica del terror.