
Miro Sedlak, analista del sector energético, doctorando en estudios de defensa en la Academia de las Fuerzas Armadas de Eslovaquia
Fuente: Atlantic Council
Ucrania ha atravesado recientemente su cuarto invierno en condiciones de invasión rusa a gran escala. Esto no es una exageración literaria. Durante el invierno, Moscú tenía la clara intención de obligar a millones de ucranianos a capitular, intentando congelarlos mediante bombardeos contra redes eléctricas e instalaciones de calefacción en condiciones de temperaturas bajo cero.
Rusia ha utilizado tácticas similares en cada invierno de guerra, pero la magnitud de la última campaña aérea fue sin precedentes. En enero, representantes de la ONU registraron ataques regulares contra la infraestructura energética en 17 regiones de Ucrania. Para el final de la temporada de calefacción, todas las centrales térmicas del país habían sido dañadas o completamente destruidas.
En Kyiv, miles de edificios residenciales permanecieron durante largos períodos sin calefacción central. Las autoridades municipales informaron de la ausencia de muertes causadas por fallos en el suministro de energía y calefacción, aunque algunos voluntarios que visitaban apartamentos sin calefacción se muestran escépticos sobre si las estadísticas oficiales reflejan la situación real.
Ucrania logró resistir las dificultades del invierno pasado gracias a su capacidad de adaptación e improvisación. De este modo, el país sentó las bases de una doctrina operativa para preservar el calor en las ciudades cuando la infraestructura civil se convierte en objetivo de ataques sistemáticos. Esta experiencia tiene aplicación práctica más allá de Ucrania, donde la guerra continúa.
El modelo de resiliencia de la infraestructura termoenergética que ha surgido en Ucrania en los últimos años se basa en la descentralización y la rapidez operativa. Cuando las grandes centrales térmicas se convirtieron en objetivos prioritarios para drones y misiles rusos, los especialistas energéticos ucranianos apostaron por instalaciones móviles de cogeneración. La orientación hacia estos sistemas compactos creó condiciones para la generación autónoma de electricidad y calor, independientemente de la red energética general.
A noviembre de 2025, en el sector de calefacción central de Ucrania operaban 182 instalaciones de cogeneración y casi 250 calderas modulares en bloque. Esto permitió crear los llamados “islas energéticas” para hospitales, servicios de agua y zonas residenciales. Mientras que los ciclos de adquisición europeos suelen durar años, los especialistas ucranianos implementaban estas soluciones descentralizadas en cuestión de días.
La respuesta de Ucrania no fue planificada de antemano: fue una improvisación bajo bombardeos. A medida que los ataques rusos se intensificaban durante los últimos cuatro años, Ucrania desarrolló una “doctrina de reparación rápida”, que implica el posicionamiento previo de piezas de repuesto, protocolos de comunicación de emergencia y la toma de decisiones a nivel municipal, evitando jerarquías burocráticas.
En un informe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), publicado en febrero de 2026, se señala que las capacidades integrales de respuesta a emergencias de Ucrania pueden convertirse en una lección importante para la comunidad internacional. Los vecinos más cercanos podrían beneficiarse especialmente del estudio de la experiencia ucraniana.
En Europa Central y Oriental, la calefacción centralizada es el principal método de calefacción urbana. Polonia, Eslovaquia, Chequia, Hungría y los países bálticos dependen de grandes sistemas similares a los de Ucrania, heredados de la era soviética. Esto los hace potencialmente vulnerables si un agresor decide atacar la infraestructura civil.
Por ahora, la región no está preparada. Los protocolos de crisis no han sido puestos a prueba, mientras que los presupuestos municipales limitados tienen más probabilidades de destinarse al mantenimiento de calderas que a la ciberseguridad. Al mismo tiempo, hay indicios de que la amenaza a la infraestructura civil no se limita a los bombardeos y también podría incluir una dimensión cibernética.
En enero de 2024, un malware dejó sin calefacción a más de seiscientos edificios de apartamentos en Leópolis, en el oeste de Ucrania. Este fue el primer uso conocido de este método para interrumpir sistemas municipales de calefacción. Los investigadores han identificado sistemas igualmente vulnerables en Lituania y Rumanía.
A finales de 2025, un ciberataque coordinado afectó a una gran planta de cogeneración en Polonia que abastece a casi medio millón de clientes. Una investigación sobre el incidente encontró vínculos con los servicios de seguridad rusos y reveló que los atacantes habían penetrado el sistema meses antes.
Ucrania sabe cómo son estos ataques, cómo escalan y cómo mantener el suministro de calor a pesar de ellos. Sin embargo, los proveedores europeos que necesitan esta información no siempre la tienen. Hay algunas señales de que la atención europea empieza a orientarse hacia la defensa cibernética colectiva y la resiliencia de infraestructuras. Ya se han presentado propuestas para capacidades europeas conjuntas de ciberdefensa, pero el ritmo del debate no se corresponde con la magnitud de la amenaza.
La infraestructura institucional para el intercambio de conocimientos ya existe. La Secretaría de la Comunidad de la Energía de Europa conecta a Ucrania con sus vecinos europeos y ha firmado memorandos específicamente sobre la coordinación del calefaccionamiento urbano. Mientras tanto, la Estrategia de la Unión de Preparación establece treinta acciones para la resiliencia ante crisis en toda la UE. Sin embargo, actualmente no existe un mecanismo que traduzca el conocimiento adquirido con esfuerzo por Ucrania en una preparación sistemática europea.
Ucrania no eligió convertirse en el laboratorio de Europa para la infraestructura de calefacción civil bajo ataque, pero ahora está institucionalizando los resultados. A principios de marzo, el Consejo de Seguridad y Defensa Nacional de Ucrania aprobó planes de resiliencia energética para cada región del país, construidos en torno a cuatro pilares: protección de infraestructura crítica, capacidad adicional de cogeneración, suministro descentralizado de calefacción y suministro descentralizado de agua.
Ucrania está transformando la improvisación en tiempos de guerra en doctrina nacional. La cuestión es si los vecinos europeos del país absorberán este conocimiento antes de tener que aprender las mismas lecciones de primera mano.
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