La guerra de Rusia contra Ucrania tiene una dimensión que rara vez aparece en las noticias con la misma frecuencia que los combates: la lucha por las mentes de las personas en aquellos países de cuyo compromiso para seguir apoyando a Ucrania depende muchísimo. Esta batalla no la libran únicamente diplomáticos o grandes medios de comunicación, sino también las comunidades ucranianas en el extranjero, a menudo sin recursos especializados, apoyándose en el monitoreo diario, en los contactos personales con periodistas y en su propia reputación.
Los ataques informativos del Kremlin rara vez son casuales. Suelen aparecer cuando en el país de acogida se aproxima una decisión política concreta —un nuevo paquete de sanciones, un debate parlamentario o la visita de un político— y buscan influir precisamente en esa decisión. Por ello, la respuesta de la comunidad también debe ser selectiva: no vale la pena gastar esfuerzos en cada provocación, pero allí donde está en juego una decisión real o donde la prensa local carece de acceso a información verificada, la participación de la comunidad puede ser decisiva.
Este tema cobra especial relevancia en vísperas del Día de la Independencia de Ucrania. Tradicionalmente, representantes del gobierno y destacados políticos portugueses asisten a los actos conmemorativos del 24 de agosto, y la comunidad planea aprovechar su presencia para plantear directamente la cuestión de las sanciones.
Este es el primer artículo de una serie en la que conversamos con representantes de comunidades ucranianas en distintos países y continentes sobre su experiencia en la lucha contra la desinformación. En la segunda parte hablaremos con Dzvinka Kachur, vicepresidenta regional del Congreso Mundial de los Ucranianos (CMU) para África y cofundadora de la Asociación Ucraniana en Sudáfrica (AUSA). Comenzamos con el sur de Europa.
Sobre cómo se desarrolla esta lucha desde el interior de Portugal habló Pavló Sadoja, vicepresidente del CMU para Europa del Sur y presidente de la Unión de Ucranianos de Portugal.
Un mensaje que no cambia
Según Sadoja, la retórica del Kremlin permanece prácticamente inalterada desde 2014 y, en algunos casos, incluso recurre a los acontecimientos de la Revolución de la Dignidad. Se sigue difundiendo la narrativa de los supuestos «nazis ucranianos» que habrían tomado el poder y de los que Rusia pretende «liberar» a los ucranianos. Lo único que cambia son los pretextos para volver a difundir ese mensaje.
Este año, uno de esos pretextos ha sido el deterioro de las relaciones entre Polonia y Ucrania, aprovechado por determinados sectores políticos polacos. Resulta interesante que incluso países que no están directamente involucrados en ese debate, como Portugal, prefieran no abordarlo por temor a «abrir la caja de Pandora» y reavivar cuestiones sensibles relacionadas con otros países vecinos, especialmente aquellas vinculadas con su pasado colonial.
En los medios portugueses, comentaristas prorrusos siguen difundiendo la idea de que Occidente libra una guerra contra Rusia utilizando a Ucrania como instrumento, mientras intentan presentar a los ucranianos como portadores de una ideología de extrema derecha. Según Sadoja, otro canal importante para difundir estos mensajes en Europa es la Iglesia Ortodoxa Rusa, que impulsa la narrativa sobre una supuesta persecución de esta institución en Ucrania.
Actualmente, el principal tema de los ataques informativos gira en torno al 21.º paquete de sanciones contra Rusia. Según Sadoja, Portugal, Alemania, Austria y especialmente Grecia apoyan flexibilizar algunas restricciones, entre ellas las relacionadas con la importación de determinados tipos de pescado a Portugal. Paralelamente, ya se ha puesto en marcha una campaña informativa destinada a convencer a los europeos de que la guerra está causando un daño excesivo a sus economías.
En esta situación, subraya Sadokha, la tarea de la comunidad no consiste en negar lo evidente —las pérdidas económicas existen—, sino en mostrar una perspectiva más amplia: la victoria de Ucrania liberará a Europa del prolongado chantaje económico ejercido por Rusia y permitirá construir una nueva arquitectura de seguridad económica para el continente.
¿Dónde y cómo comunicar?
Como ejemplo de una operación informativa concreta, Sadoja recuerda el caso del traslado de niños a un campamento en Crimea. En su opinión, la operación no estaba dirigida tanto al público portugués como a demostrar que incluso niños procedentes de países de la OTAN supuestamente podían sentirse seguros en Crimea.
La comunidad detectó esta información gracias a un monitoreo permanente. Según Sadoja, revisan diariamente las publicaciones de agentes del Kremlin, los sitios web de la Iglesia Ortodoxa Rusa y de la embajada rusa. Cuando detectan un intento de manipular la opinión pública, responden desmintiendo la información.
Sadokha también presta especial atención al Partido Comunista de Portugal, que, según afirma, organiza deliberadamente acciones destinadas a reducir el apoyo a Ucrania. En estos casos, el método más eficaz consiste en identificar la fuente original: cuando se demuestra que una determinada afirmación proviene de un recurso propagandístico ruso y no está respaldada por datos reales, esa demostración constituye el mejor desmentido posible.
Los recursos en idioma ucraniano de la comunidad, señala Sadokha, prácticamente no son leídos por los portugueses. Por ello, la mayor parte del trabajo de comunicación se realiza en portugués. La comunidad creó el grupo de Facebook «Ucranianos en Portugal», donde publica análisis en ese idioma, mientras que el propio Sadokha escribe un blog en el reconocido medio Observador, donde publica artículos sobre temas de actualidad. Recientemente, por ejemplo, explicó la posición de Ucrania respecto a las relaciones entre Polonia y Ucrania, evitando deliberadamente profundizar en las disputas históricas y centrándose en los riesgos para la estabilidad europea.
Otro canal importante son la televisión y la radio. Según Sadoja, en muchos países europeos los medios tradicionales siguen generando más confianza que las redes sociales, por lo que la comunidad invita activamente a periodistas a sus eventos y concede entrevistas siempre que surge una oportunidad.
En el ámbito político, la comunidad colabora con el grupo parlamentario de amistad Ucrania–Portugal. Según Sadokha, prácticamente todos sus integrantes viajarán a Kyiv el próximo 24 de agosto, con motivo del Día de la Independencia de Ucrania.
A las comunidades ucranianas en el extranjero que apenas comienzan a establecer relaciones con los medios locales, Sadoja les recomienda no temer parecer demasiado insistentes: escribir a los periodistas, informar sobre sus actividades y hacerse visibles. Según su experiencia, incluso una comunidad pequeña logra atraer la atención de los medios cuando cuenta con personas que comunican la posición de Ucrania de manera constante y sistemática, y no solo de forma ocasional.
Además, señala que los propios medios suelen buscar información sobre la integración de los ucranianos en la sociedad local. Por ello, es importante contar con una persona de contacto que goce de credibilidad y conozca bien tanto la posición de la comunidad como la de Ucrania en general.
No todas las afirmaciones requieren una respuesta. Sadoja distingue entre aquellos casos en los que una campaña de desinformación puede influir realmente en una decisión política —situaciones en las que conviene actuar con rapidez— y aquellos en los que otros actores ya están proporcionando las aclaraciones necesarias. Por ejemplo, la comunidad deja deliberadamente la cobertura de la ofensiva militar rusa en Ucrania a los corresponsales de guerra que trabajan sobre el terreno, ya que en ese ámbito el refuerzo desde la diáspora no resulta necesario.
En cambio, allí donde la prensa local carece de acceso a información fiable, la comunidad toma la iniciativa y complementa el espacio mediático con datos verificables que de otro modo no estarían disponibles.
Fotografía: DepositPhotos.