Alemania, uno de los principales aliados de Ucrania en la guerra a gran escala de Rusia, ha sido en repetidas ocasiones objetivo de ataques de desinformación rusos. Las operaciones de propaganda se intensifican especialmente en el país durante los periodos electorales, como demuestran los datos del Centro de Lucha contra la Desinformación del Consejo de Seguridad Nacional y Defensa de Ucrania.
Sin embargo, el apoyo a Kyiv no es la principal razón de la vulnerabilidad del ecosistema mediático alemán a la influencia del Kremlin. El investigador especializado en comunicación y ensayista Danylo Poliluev-Schmidt sostiene que, entre otros factores, un pasado totalitario que no ha sido suficientemente procesado y un sistema de coordinación poco flexible entre las estructuras federales y regionales de Alemania crean un terreno favorable para la propaganda rusa.
Poliluev-Schmidt está convencido de que la experiencia ucraniana en la lucha contra la desinformación del Kremlin podría convertirse en una herramienta eficaz para Alemania. El analista desarrolla esta idea en su trabajo “La verdad armada: qué pueden aprender Alemania y Europa de los medios ucranianos”.
El libro ya ha sido publicado en alemán y próximamente se espera una edición en inglés. El Congreso Mundial de los Ucranianos (CMU) conversó con el señor Danylo, quien explicó cómo su trabajo puede ayudar a las comunidades ucranianas a contar mejor al mundo la verdad sobre la guerra de Rusia.
A continuación, reproducimos las palabras directas del autor del libro, editadas y abreviadas para facilitar su lectura.
Un sistema poco flexible
La cuestión de la influencia de la propaganda rusa abarca todo el ecosistema mediático de Alemania: no solo los medios tradicionales, sino también las redes sociales, las instituciones estatales, las organizaciones de la sociedad civil y las iniciativas informales.
Uno de los principales problemas es la complejidad y fragmentación del sistema alemán. Alemania cuenta con dieciséis estados federados, cada uno con su propio gobierno, mientras que, paralelamente, existe un gobierno federal. La responsabilidad de combatir la ciberdelincuencia, la desinformación y las amenazas contra el orden constitucional está distribuida entre numerosas instituciones que no siempre interactúan de manera suficientemente eficaz.
Esto se explica, en parte, por la experiencia histórica de Alemania. Después del pasado nazi y comunista, el país creó deliberadamente un sistema de controles y contrapesos destinado a impedir una intervención excesiva del Estado en la vida de la sociedad. Por ello, las instituciones alemanas están menos centralizadas y son menos flexibles que las ucranianas.
Ucrania, por su parte, comenzó mucho antes a percibir a Rusia como una fuente de amenaza directa. Esta comprensión se fue formando durante décadas: desde los intentos de Rusia de establecer el control sobre Crimea y el conflicto en torno a la isla de Tuzla, pasando por la guerra contra Georgia en dos mil ocho, el apoyo al régimen de Víktor Yanukóvich y, posteriormente, la ocupación de Crimea y de parte de las regiones de Donetsk y Lugansk.
“La verdad armada: qué pueden aprender Alemania y Europa de los medios ucranianos”. Foto: Aliona Fedorchenko, Vitsche e.V.
La sociedad ucraniana también fue testigo de cómo Rusia utiliza no solo instrumentos militares, sino también políticos, económicos y culturales para ejercer su influencia. Por ello, antes del inicio de la invasión a gran escala, en Ucrania ya existía una comprensión mucho más profunda de los métodos rusos.
En Alemania no existía esa experiencia. Durante décadas, Rusia logró construir una imagen positiva a través de la cultura, el deporte y otros ámbitos que a menudo eran percibidos como apolíticos. El ballet, Chaikovski o los vínculos deportivos se consideraban de manera independiente de la política, aunque la cultura también puede ser un instrumento de influencia política.
La dependencia económica de los recursos rusos de petróleo y gas aceleró la creación de un entorno en el que la influencia del Kremlin fue percibida durante mucho tiempo como una parte normal de las relaciones. También desempeñaron un papel determinante las percepciones históricas sobre Rusia.
Sin embargo, la situación en Alemania era solo una parte de un enfoque occidental más amplio hacia las relaciones con Rusia. Durante mucho tiempo existió la convicción de que la cooperación económica y la integración de Moscú en el sistema europeo contribuirían gradualmente a su democratización. Al mismo tiempo, no se exigieron a Rusia condiciones como, por ejemplo, reformas internas, lo que creó un modelo asimétrico de relaciones.
Un equilibrio falso
Otro problema está relacionado con el principio de neutralidad periodística, que en Alemania suele interpretarse como la necesidad de presentar por igual las posiciones de todas las partes. Pero este enfoque puede crear un falso equilibrio, al colocar de facto al agresor y a la víctima en el mismo nivel.
Por ejemplo, cuando Ucrania afirmaba que Crimea había sido ocupada por tropas rusas o que Rusia estaba llevando a cabo una agresión contra Ucrania, en el espacio mediático alemán aparecía con frecuencia la fórmula de “las dos partes del conflicto”, que generaba la impresión de que Kyiv y Moscú eran igualmente responsables de lo que estaba ocurriendo.
El periodismo independiente ucraniano diferencia con mucha mayor claridad entre el agresor y la víctima. Esto no significa renunciar a la independencia o a la autocrítica. Por el contrario, los medios ucranianos pueden criticar a sus propias autoridades y, al mismo tiempo, señalar directamente a Rusia como agresor.
El problema del falso equilibrio resulta especialmente evidente cuando las declaraciones de los medios independientes ucranianos se colocan al mismo nivel que las declaraciones de representantes oficiales rusos. Cuando el mensaje de un medio ucraniano independiente y una declaración, por ejemplo, de Peskov se presentan como dos versiones equivalentes de los acontecimientos, esto ya distorsiona por sí mismo la realidad. Al fin y al cabo, la información oficial rusa contiene en muchos casos afirmaciones que pueden ser refutadas mediante hechos.
Lo que Europa puede aprender de Ucrania
La experiencia ucraniana es importante, ante todo, por la existencia de todo un ecosistema mediático y ciudadano en el que periodistas independientes, organizaciones de la sociedad civil, iniciativas informales, medios de comunicación y editoriales interactúan entre sí. Este enfoque permite responder rápidamente a nuevas amenazas informativas.
En Alemania y otros países de la Unión Europea, una cooperación similar es actualmente mucho más débil. Al mismo tiempo, los medios alternativos y los influencers están adquiriendo una influencia cada vez mayor, ya que trabajan con mayor rapidez y de manera más emocional que las redacciones tradicionales. No siempre verifican la información y, en ocasiones, la distorsionan deliberadamente.
Un influencer puede hablar de culturismo, moda, piercings o de la vida cotidiana y, entre estos temas, comenzar gradualmente a difundir narrativas rusas, de extrema derecha o de extrema izquierda. La audiencia llega en busca de entretenimiento o consejos, pero al mismo tiempo recibe mensajes políticos.
Esto crea un entorno favorable para las narrativas rusas y contribuye a generar una percepción artificialmente positiva de Moscú. Como resultado, incluso después del inicio de la guerra a gran escala, siguen existiendo personas que consideran posible regresar a unas relaciones económicas normales con Rusia.
En Ucrania, estos mecanismos comenzaron a comprenderse mucho antes. Por ejemplo, los verificadores de datos pueden trabajar directamente en formatos mediáticos y explicar a la audiencia cuándo un político o un bloguero manipula, utiliza fuentes falsas o difunde mentiras. En Alemania, este tipo de prácticas apenas está comenzando a desarrollarse.
Además, la experiencia ucraniana demuestra que no basta con crear contenidos de calidad: también es necesario generar confianza en las fuentes de información. En este sentido, la radiodifusión pública, Suspilne, desempeña un papel importante. Los medios ucranianos también trabajan activamente con TikTok, YouTube e Instagram, donde la audiencia recibe información con mucha mayor rapidez.
Los políticos alemanes comprenden cada vez mejor la magnitud de la amenaza. A nivel estatal y de la Unión Europea ya se están creando mecanismos para combatir la desinformación y las injerencias extranjeras. Pero el tiempo juega en nuestra contra.
La propaganda rusa, china e iraní ya está aprovechando los problemas sociales de las sociedades europeas: la desigualdad, los problemas de los jóvenes, la situación del mercado laboral, el desempleo y otras contradicciones reales.
Danylo Poliluev-Schmidt. Foto: Aliona Fedorchenko, Vitsche e.V.
Especialmente peligrosa es la combinación de diferentes problemas en una única narrativa informativa. A una persona se le puede hablar simultáneamente de dificultades económicas, migración, guerra, desigualdad social y problemas de la generación Z, creando la impresión de que todos estos fenómenos tienen una misma causa.
En la sociedad todavía falta comprender que apoyar a Ucrania y combatir la influencia rusa no es únicamente una cuestión de solidaridad con Ucrania. Es una tarea estratégica para la propia Alemania, ya que la desinformación rusa influye directamente en la sociedad alemana y en sus procesos políticos.
¿Qué pueden hacer las comunidades ucranianas?
Las comunidades ucranianas en el extranjero deben utilizar más activamente la experiencia de Ucrania y aprender a promoverla. No se trata únicamente de mostrar prácticas concretas que puedan resultar útiles para otros países. Es importante establecer un diálogo permanente entre periodistas ucranianos y occidentales, así como entre organizaciones de la sociedad civil ucraniana e instituciones locales.
Además, no conviene intentar llegar inmediatamente a todo el mundo: es mucho más eficaz elegir una comunidad concreta, una organización concreta y un tema específico relacionado con la desinformación. Por ejemplo, se puede invitar a un periodista o fotoperiodista ucraniano, organizar una proyección cinematográfica o un debate, o poner en marcha un proyecto conjunto.
Hablen con diferentes públicos a través de temas que les resulten cercanos. Para los grupos progresistas pueden ser los crímenes sexuales cometidos por militares rusos; para los ecologistas, el ecocidio; y para las audiencias conservadoras, cuestiones como la deportación de niños, la lengua y la preservación cultural. También hay que buscar puntos concretos de conexión con la experiencia histórica local.
También conviene trabajar con fundaciones y centros de análisis vinculados a diferentes fuerzas políticas. No hay que limitarse a una sola parte del espectro político cuando se trata de lograr la victoria de Ucrania en la guerra.
Lo fundamental no es simplemente hablar de la experiencia ucraniana, sino demostrar por qué resulta importante para un país concreto, una comunidad concreta y un problema concreto, con el fin de convertir a Ucrania en una parte necesaria e inseparable del contexto europeo.
Fotografía: DepositPhotos