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Tenerife sin rusos: cómo la isla se está liberando del «dolor fantasma» por el dinero ruso

#Accióncomunitaria
julio 17,2026 428
Tenerife sin rusos: cómo la isla se está liberando del «dolor fantasma» por el dinero ruso

Hace apenas diez años, las Islas Canarias eran uno de los principales destinos de los turistas rusos en España. Había más rusos que ucranianos, y el dinero procedente de Rusia fluía hacia el mercado inmobiliario local como un río.

Hoy el panorama ha cambiado por completo: la invasión a gran escala, las sanciones y la propia política de visados del Kremlin han reducido la presencia rusa en Tenerife a un mínimo. Sin embargo, estos cambios no son únicamente consecuencia de la geopolítica. En gran medida, son el resultado de años de trabajo constante de la comunidad ucraniana en la isla, del consulado y la embajada de Ucrania en España, así como de activistas locales que han explicado de manera sistemática a los españoles y a las autoridades locales la verdad sobre la guerra.

Sobre este tema, así como sobre los reiterados casos de agresiones de ciudadanos rusos contra ucranianos, el cambio de actitud de la policía local, las polémicas relacionadas con propiedades adquiridas con dinero procedente de la corrupción e incluso un antiguo intento de la Unión Soviética de afianzarse en el archipiélago, habló para el Congreso Mundial de los Ucranianos (CMU) Dmitró Shatruk, vicepresidente de Oberig, la primera asociación de ucranianos en las Islas Canarias, fundada en 2017.

Una isla sin temporada baja

Según Dmitró, Tenerife es una isla con una temporada turística prácticamente permanente. Aunque la mayor afluencia se registra durante el verano y los meses de invierno, el clima templado atrae visitantes durante todo el año. Antes de 2014, cuando Rusia inició su agresión armada contra Ucrania, los turistas rusos representaban una parte muy importante del flujo turístico hacia la isla. Según Dmitró, eran más numerosos que los visitantes ucranianos y, en general, Rusia era uno de los principales mercados emisores de turistas hacia toda España.

Los rusos compraban aquí de todo, recuerda. No solo reservaban habitaciones de hotel durante dos semanas; adquirían mansiones, villas e incluso complejos hoteleros enteros. Después de 2014, el flujo comenzó a disminuir y, tras la invasión a gran escala de 2022, la caída fue drástica. Según las estadísticas oficiales, actualmente viven legalmente en las Islas Canarias alrededor de 5.000 ciudadanos de la Federación Rusa, la mayoría residentes que ya poseen viviendas en la isla, por lo que es poco probable que vuelva a producirse una llegada masiva de turistas rusos.

Dmitró señala además una paradoja interesante: es la propia Rusia la que está limitando la salida de sus ciudadanos. Según explica, las autoridades rusas ya han cerrado los pasos fronterizos terrestres con Finlandia, Polonia y los países bálticos, algo que compara directamente con las prácticas de la época soviética. Ellos mismos están impidiendo que su gente salga del país. Quienes aún logran llegar a Europa suelen hacerlo por rutas indirectas, a través de terceros países como Kazajistán o Turquía, utilizando permisos de residencia o consiguiendo visados en algunos Estados políticamente más cercanos al Kremlin, entre ellos Hungría. Hoy es muy raro ver rusos por las calles de Tenerife, aunque todavía los hay, resume.

A pesar de que ahora son poco frecuentes, siguen produciéndose episodios aislados de hostilidad hacia los ucranianos, y eso es precisamente lo que más preocupa a la comunidad. Hace poco, unos conocidos de Dmytro presenciaron una agresión verbal por parte de dos personas que, al escuchar conversaciones en ucraniano, comenzaron a insultarlos. La policía tuvo que intervenir para calmar la situación. Otro incidente afectó personalmente a uno de sus amigos, un veterano de las Fuerzas Armadas de Ucrania que, tras resultar herido, se trasladó con su familia a la isla.

El hombre conversaba tranquilamente en ucraniano con su padre cuando un desconocido reaccionó de manera agresiva. La discusión terminó convirtiéndose en un altercado físico. Lo más llamativo, explica Dmytro, fue que el agresor no era ciudadano ruso, sino procedente de un sector prorruso de la comunidad rusoparlante de los países bálticos, donde, según afirma, este tipo de actitudes no son una excepción. El agresor fue multado, pero el propio hecho resulta muy revelador. La persona fue atacada únicamente por hablar su lengua materna.

Para ellos, escuchar el idioma ucraniano es como agitar un capote rojo delante de un toro, afirma Dmitró.

De la «Z» en los automóviles a las causas penales

Al comienzo de la invasión a gran escala en 2022, algunos residentes de la isla con posturas prorrusas manifestaban abiertamente su apoyo a la agresión, especialmente a través de las redes sociales. En aquel entonces, las denuncias presentadas por la comunidad ucraniana ante la policía, acompañadas de pruebas, prácticamente no tenían consecuencias. Según Dmytro, las fuerzas del orden «todavía no habían despertado».

Sin embargo, la situación fue cambiando gradualmente. Hoy, explica Dmytro, es la propia policía local la que se dirige a la comunidad ucraniana para solicitar antiguos materiales y pruebas con el fin de abrir procedimientos por incitación al odio, aunque parte de las evidencias ya se ha perdido, ya que muchos de los responsables eliminaron sus cuentas.

Dmytro atribuye este cambio a años de trabajo constante y sistemático por parte de la comunidad ucraniana: las gestiones de los activistas, del consulado y de la embajada de Ucrania en España, así como las intervenciones públicas, incluidas entrevistas concedidas a la televisión y la radio locales, en las que se demostraba que la guerra «no está ocurriendo en un lugar lejano». Uno de los ejemplos más impactantes fue el asesinato del ex piloto militar ruso cerca de Málaga, un caso que tuvo una gran repercusión mediática.

«¿Creen que la guerra está muy lejos? En su propio territorio los rusos hacen lo que quieren», explica Dmytro al recordar los argumentos que utilizaba en sus conversaciones con los españoles. En su opinión, el peso de la comunidad ucraniana en España también ha contribuido a que este mensaje sea escuchado. Según datos oficiales, en el país residen más de 300.000 ucranianos, lo que ha dado a la comunidad una mayor capacidad de interlocución con las autoridades locales.

Según Dmytro, este mismo argumento no solo se sustenta en la realidad actual, sino también en la historia de las Islas Canarias, un episodio poco conocido incluso entre los propios españoles y que la comunidad ucraniana también procura divulgar públicamente. A mediados de la década de 1970, poco después de la muerte de Francisco Franco, cuando la dictadura comenzaba a desmoronarse en España, la Unión Soviética ya intentaba extender su influencia sobre las Islas Canarias bajo el pretexto de apoyar al movimiento nacionalista local que buscaba la separación de España.

Según Dmytro, la Unión Soviética intentó afianzarse en la región de forma gradual. Primero, junto con sus aliados y con el respaldo del Gobierno argelino, apostó por el Sáhara Occidental, que en aquel momento pertenecía a España. Sin embargo, Estados Unidos intervino y favoreció que Marruecos ocupara ese territorio para impedir que quedara bajo la influencia de Argelia y de la Unión Soviética.

Tras ese fracaso, Moscú centró su atención en las Islas Canarias. Con el respaldo de la Unión Soviética surgió allí un partido político, mientras que sus simpatizantes llevaron a cabo atentados con explosivos contra comisarías de policía, no solo en las propias islas, sino también en Barcelona y Madrid. Dmytro compara estos hechos con otros movimientos financiados por la URSS en Europa, como el Ejército Republicano Irlandés (IRA) y los grupos comunistas del movimiento separatista vasco. Su conclusión es clara: si la historia hubiera tomado otro rumbo, hoy podrían ondear banderas rojas sobre las islas y la situación sería similar a la que actualmente se vive en Crimea.

Villas y usurpación de propiedades

Según Dmytro, entre parte de la población local todavía persiste cierta nostalgia por el dinero que llegaba a la isla desde Rusia antes de 2014. Algunos activos vinculados a personas cercanas al poder ruso siguen sin ser embargados. Las autoridades locales argumentan que no existen pruebas suficientes de que esos bienes hayan sido adquiridos con dinero procedente de la corrupción, a pesar de que la comunidad ucraniana proporciona información de manera periódica.

Un caso emblemático es el de la campeona olímpica Yelena Isinbáyeva, propietaria de inmuebles en la isla valorados en varios millones de euros que, según la prensa, fueron adquiridos con fondos desviados del Ministerio de Defensa de la Federación Rusa. Sin embargo, la policía sostiene que las pruebas siguen siendo insuficientes.

Otro caso llamativo es el de la usurpación de propiedades dentro de la propia comunidad rusa. Mediante documentos falsificados, personas desconocidas lograron registrar a su nombre decenas de villas, aprovechando que sus verdaderos propietarios, debido a las sanciones, no podían viajar para defender sus derechos. Los procesos judiciales continúan en curso.

Además, una parte de las autoridades locales sigue mostrando reticencia a «ofender» a la parte rusa. Dmytro atribuye esta postura a la cercanía ideológica de algunos sectores del poder local con movimientos de izquierda que en el pasado contaron con el respaldo de la Unión Soviética. Por ello, considera que la presión ejercida por la comunidad ucraniana sigue siendo imprescindible.

Dmytro apoya la suspensión total de la emisión de visados para los ciudadanos rusos y considera que se trata de una medida que la Unión Europea debió adoptar hace tiempo. A su juicio, existe una evidente contradicción: muchos rusos critican la supuesta «decadencia» de Occidente, pero al mismo tiempo desean que sus hijos estudien precisamente en escuelas y universidades europeas o estadounidenses.

«Si están luchando contra todo eso, ¿por qué demonios habría que concederles un visado?», afirma.

Como conclusión, Dmytro subraya que los cambios experimentados en Tenerife —desde la práctica desaparición del turismo ruso hasta la apertura de las primeras causas penales por incitación al odio— no ocurrieron por sí solos. Son el resultado de años de trabajo constante de la comunidad ucraniana de la isla, en estrecha colaboración con las instituciones diplomáticas de Ucrania, y precisamente por eso esa labor no puede detenerse.

Fotografía: DepositPhotos.

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