“Eres ucraniano cuando tus hijos son ucranianos. No se trata simplemente de quiénes fueron tus padres”, esta frase de Oksana Marchishin describe mejor la filosofía con la que llegó hace poco más de dos años a la ciudad canadiense de Quebec.
Para muchos, Canadá se asocia con una infraestructura ucraniana sólida y ya establecida: dondequiera que mires hay una iglesia ucraniana, una escuela, un centro cultural. Sin embargo, Quebec es una provincia particular, profundamente francófona. Cuando la Sra. Oksana llegó allí, vio que la comunidad era activa y trabajaba con dedicación por el desarrollo de la cultura ucraniana. Al mismo tiempo, las familias ucranianas recién llegadas no tenían un espacio físico común ni una institución que las uniera. No había escuela ucraniana, iglesia ni lugar donde los niños y jóvenes pudieran estudiar, reunirse y sentirse parte de la comunidad, como ocurre, por ejemplo, en Montreal, donde existen muchas escuelas, iglesias y organizaciones.
Por eso, Oksana Marchishin, junto con personas afines, construyó desde cero una amplia actividad, fundó el Centro Ucraniano de Cultura y Ocio para Niños en la ciudad de Quebec y se convirtió en vicepresidenta de la sección provincial del Congreso Ucraniano de Canadá (CUC).
Segunda inmigración
La historia de la Sra. Oksana es una historia de doble adaptación y de una fuerza interior extraordinaria. Junto con su esposo y sus dos hijos, en 2015 dejó Ucrania rumbo a Francia. La familia vivió en París y ya había construido su vida allí, pero más tarde tomó otra decisión radical: emigrar al otro lado del océano.
“En realidad no es nada fácil”, admite Oksana. “Parece que ya has elegido un país, pero otra vez tienes que cambiarlo todo”.
El principal desafío para miles de ucranianos que llegaron tras el 24 de febrero de 2022 fue el idioma francés y la falta de puntos de apoyo habituales. Pero Oksana trajo consigo su “mundo ucraniano”.
Cuando llegó a la ciudad de Quebec, su prioridad como madre fue matricular a su hijo en una escuela ucraniana e ir a una iglesia ucraniana. Como no existían soluciones ya creadas, tuvo que construirlas ella misma. Las primeras reuniones de activistas se realizaban en casas particulares. Más tarde registraron oficialmente una organización sin fines de lucro que este septiembre cumplirá dos años en Canadá. Hoy, el Centro Ucraniano de Cultura y Ocio para Niños reúne a 43 miembros oficiales y a su equipo directivo: la Sra. Vira Jostra como directora de la escuela, las vicepresidentas Alina Lionga y Anna Nilogova, la secretaria Olena Kozhukgar y la directora financiera Anastasiia Ivasiuk.
En lugar de una escuela tradicional con aulas, se crearon grupos por edades donde los niños estudian lengua ucraniana, historia de Ucrania y cultura popular. Un orgullo especial es el espacio juvenil “Espace ado ukrainien” para adolescentes a partir de 12 años, que necesitaban con urgencia un entorno social tras el desplazamiento forzado. Mientras los niños estudian, el espacio se convierte en un entorno familiar: la comunidad organiza allí cursos paralelos de francés para los padres.
Además, los ucranianos lograron sentar las bases de la vida religiosa. La organización alquila una capilla a la comunidad católica local, donde ahora se celebran regularmente servicios en ucraniano.
“Todo el mundo se sorprende: dicen, vayan a una iglesia ucraniana y allí les darán un local. Pero nosotros no teníamos a dónde ir. Hasta hoy seguimos alquilando todo con nuestros propios recursos”, cuenta Oksana.
Diplomacia y ayuda a Ucrania
Hoy la organización de Oksana Marchishin funciona bajo el paraguas del CUC y se sostiene sobre tres pilares: desarrollo comunitario, promoción de la identidad ucraniana y ayuda a Ucrania.
En la práctica, esto significa trabajo diario. Por un lado, el centro ayuda a los recién llegados con trámites, seguro médico y búsqueda de empleo dentro de un proyecto patrocinado por el CUC y la Cooperativa de Crédito Desjardins.
Por otro lado, los ucranianos se presentan activamente ante la sociedad local: celebran grandes actos del Día de la Independencia en el centro de la ciudad, el Día del Vishivanka frente al castillo de Quebec y dan a conocer las tradiciones de la Navidad ucraniana.
La comunidad no se limita a la cultura: también actúa en el ámbito político. Los activistas organizan regularmente manifestaciones frente a la Asamblea Nacional de Quebec, especialmente tras los ataques masivos a Ucrania. Oksana participa personalmente en audiencias parlamentarias. Por cuarto año consecutivo, una delegación ucraniana interviene en la Asamblea de Quebec durante la adopción de resoluciones que reconocen las acciones de Rusia como genocidio contra el pueblo ucraniano.
Además, cada evento importante se convierte en ayuda concreta para el frente. La comunidad trabaja a través de fondos oficiales canadienses-ucranianos o apoya a voluntarios médicos sobre el terreno. Las donaciones se recogen en conciertos benéficos, ventas de borsch y vareneke, a través de manualidades infantiles y durante la representación navideña que preparan los alumnos del Centro Ucraniano. Los niños participan con entusiasmo, sabiendo que todo lo recaudado se destina a apoyar a las Fuerzas Armadas de Ucrania.
“No tenemos derecho a rendirnos”
Cuando se le pregunta cómo logra combinar la crianza de dos hijos, los estudios, la coordinación del Centro y su cargo en el CUC de Quebec, Oksana solo sonríe. Dice que no siente las dificultades porque no sabe quejarse, y agradece a su esposo, a sus hijos y al equipo de líderes que se ha formado a su alrededor. Lo más difícil para ella son las noticias de su país, donde permanecen sus padres.
Su principal motor es la responsabilidad hacia las futuras generaciones. Los niños se integran rápidamente en el entorno canadiense, y si los adultos no hacen esfuerzos, la lengua y la cultura pueden desaparecer.
“No tenemos derecho a vivir de otra manera. Debemos vivir de forma que nuestros hijos comprendan que ellos tendrán que construir y reconstruir Ucrania. A veces la gente piensa: ‘¿Qué puedo hacer yo en un mundo tan grande?’. Pero todo empieza con una sola persona. El Congreso Mundial de los Ucranianos dice a menudo que somos la voz de Ucrania en el extranjero. Es cierto. Todo empieza con cada uno de nosotros”.
Hoy, Oksana Marchishin sueña con la gran victoria de Ucrania y con algo muy concreto: un espacio propio para la comunidad ucraniana en Quebec, donde se puedan realizar reuniones, talleres y actividades sin depender constantemente del alquiler de locales.
Y viendo todo lo que esta mujer ha construido en apenas dos años, no hay duda: ese hogar definitivamente llegará.










