La presencia rusa en Sudamérica no es un desafío nuevo, sino una realidad histórica y geopolítica profundamente arraigada. En Argentina, la propaganda del Kremlin ha construido durante décadas una red de influencia a través de la cultura, la educación y los vínculos políticos. El mundo empresarial también ha desempeñado un papel importante en este proceso.
Sobre cómo la comunidad ucraniana contrarresta estas influencias, por qué el ámbito académico latinoamericano simpatiza con las ideas de izquierda y por qué la diplomacia cultural es, quizás, la única vía realmente eficaz para conectar con la población local, conversamos con Yuriy Danylyshyn, vicepresidente del Congreso Mundial de los Ucranianos para Sudamérica y presidente de la Sociedad Prosvita en Argentina.
Anatomía de la influencia rusa
La influencia rusa en América Latina, y en particular en Argentina, puede rastrearse hasta las relaciones diplomáticas establecidas a comienzos del siglo XX. En aquella época, pertenecer o estar vinculado con la aristocracia monárquica rusa era un elemento de prestigio para la sociedad conservadora que gobernaba Argentina, entonces un país joven y económicamente poderoso.
Cuando cayó la monarquía rusa, numerosos aristócratas buscaron refugio en América Latina, mientras que altos oficiales militares organizaron ejércitos en la región para conflictos como la Guerra del Chaco.
En ese entonces, la principal fuerza de cohesión era la Iglesia Ortodoxa Rusa (zarista), la única iglesia ortodoxa presente en la región, que reunía a todos los cristianos ortodoxos (rusos, griegos, búlgaros, rumanos, belarrusos, sirios, entre otros). En cierta medida, constituía un elemento unificador que acercaba a todas esas comunidades. En aquellos primeros años aún no existían iglesias ortodoxas ni greco-católicas ucranianas en la región.
Otro aspecto que no debe minimizarse es que, inicialmente, la comunidad ucraniana estaba dividida entre separatistas y grupos prorrusos. Aunque hoy esa división se ha reducido, el problema sigue existiendo: las organizaciones prorrusas continúan activas y, por ejemplo, participan en desfiles por el Día de la Victoria. Son manifestaciones marginales, pero sería un error ignorarlas, ya que influyen en la sociedad y en los políticos argentinos, quienes suelen mostrarse reacios a pronunciarse cuando se trata de conflictos internacionales.
El principal espacio de influencia son las universidades públicas, especialmente las facultades de Humanidades. Tradicionalmente, los círculos intelectuales argentinos mantienen una fuerte inclinación hacia la izquierda, basada en un histórico sentimiento antiestadounidense. Sin duda, la mayor influencia se ejerce desde las universidades, particularmente desde las facultades de Humanidades, donde los sectores de izquierda ideologizan al estudiantado a través de sentimientos antibritánicos y antiestadounidenses que atraviesan prácticamente toda la región.
La estrecha relación de Ucrania con Estados Unidos y el Reino Unido (sin olvidar las dos invasiones británicas y la Guerra de las Malvinas, así como la persistente postura colonial británica pese a las resoluciones de la ONU) alimenta aún más estas percepciones.
La Embajada de Rusia y la Casa Rusa trabajan sistemáticamente sobre estos sentimientos, integrando sus narrativas allí donde predomina el escepticismo hacia Estados Unidos y Europa Occidental. Como hoy Ucrania es vista a través de su alianza con Occidente, parte de la izquierda argentina transfiere automáticamente esa percepción negativa hacia nuestro país.
La situación también se ha complicado por razones demográficas: en los últimos años han llegado a Argentina cerca de 130.000 ciudadanos rusos con importantes recursos económicos, que utilizan para hacerse visibles en el espacio público argentino. Todo ello está respaldado por una amplia red mediática, incluidas emisoras de radio que promueven la supuesta «grandeza de la cultura rusa» sin mencionar en absoluto la guerra, explica Danylyshyn.
Prudencia política y el «equilibrio» en los medios
En cuanto a los medios de comunicación argentinos, tras el enorme interés que despertó la invasión a gran escala en sus primeros días, Ucrania desapareció de las portadas, desplazada por los problemas internos y el fútbol, que ocupa más de la mitad del tiempo de emisión.
Cuando la guerra aparece en las noticias, suele aplicarse el llamado principio del «equilibrio de las partes», que termina siendo perjudicial. Los canales presentan simultáneamente las versiones ucraniana y rusa, generando una falsa sensación de objetividad.
El ciudadano argentino promedio, alejado del contexto europeo, deja de comprender quién es el agresor y dónde está la verdad. En esa confusión, el Kremlin obtiene ventaja. Al mismo tiempo, entre la población no existe un apoyo abierto a Rusia ni a su agresión; más bien predomina la falta de comprensión sobre la magnitud de la tragedia y el cansancio ante una guerra que ocurre a 13.000 kilómetros de distancia.
Con la llegada del presidente Javier Milei al poder, la orientación oficial de Buenos Aires, que desde un principio fue claramente favorable a Ucrania, giró decididamente hacia Washington. Por ello, la posición argentina respecto a Ucrania está hoy en gran medida alineada con la de Estados Unidos, explica el vicepresidente del CMU.
Sin embargo, en los niveles intermedios de la política, la comunidad ucraniana sigue encontrando un muro de cautela y de falta de voluntad por parte de muchos funcionarios locales, que prefieren no «buscarse problemas». Los políticos argentinos son generosos con las promesas y los gestos amistosos, pero cuando llega el momento de actuar, muchas iniciativas quedan paralizadas.
Una presión similar también se produce a nivel local. Por ejemplo, un conjunto folclórico ucraniano clausura cada año el gran festival Oktoberfest de la provincia de Córdoba ante unas 30.000 personas. Cuando los artistas ucranianos salen al escenario con una gran pancarta que dice: «Por un Estado ucraniano independiente, unido, soberano e íntegro», el alcalde recibe inmediatamente llamadas airadas desde la Embajada de Rusia exigiendo la prohibición de «manifestaciones políticas».
«Por suerte, este funcionario en particular respeta a los ucranianos y no cede a las presiones, pero la mayoría de los responsables políticos del país prefiere evitar este tipo de situaciones para no complicarse la vida», afirma Danylyshyn.
La principal arma: la cultura
A pesar del enorme desequilibrio de recursos, la comunidad ucraniana en Argentina ha resistido durante más de un siglo. El mayor logro alcanzado ha sido dejar claro ante la sociedad argentina que Ucrania no forma parte de Rusia. Si antes de la independencia todos los inmigrantes procedentes de Europa del Este eran llamados indiscriminadamente «rusos», hoy la sociedad finalmente reconoce la diferencia.
La principal herramienta para la labor de incidencia y para desmontar los mitos rusos es la cultura de alto nivel.
«En la propia Ucrania muchas veces no se comprende plenamente el enorme valor que tiene el producto cultural en la diáspora. Los rusos entendieron hace tiempo ese poder: durante años han llevado sus mejores compañías clásicas a los teatros más prestigiosos del mundo, invirtiendo enormes recursos estatales que no buscan rentabilidad comercial, sino fortalecer la imagen del Estado», explica el vicepresidente del CMU.

«Para contrarrestarlo, nosotros, los ucranianos, debemos mostrar la magnitud de nuestro propio arte: traer exposiciones del nivel de Ivan Marchuk, el Conjunto Virsky o la Capilla de Banduristas, demostrando que nuestra cultura es única y no tiene nada en común con la rusa. El principio fundamental que debemos comprender es salir de nuestra zona de confort. Los varényky deben venderse fuera de nuestra comunidad, no únicamente dentro de ella», añade.
Entre las historias de mayor éxito de la comunidad figura la interrupción de un acto protocolario durante una visita de Putin a Argentina. En aquella ocasión, el dictador ruso debía depositar flores ante el monumento a un héroe nacional argentino, pero la comunidad ucraniana organizó una manifestación tan numerosa y contundente que la ceremonia, prevista con la participación de niños de los llamados «pueblos hermanos», terminó siendo cancelada.
Otro ejemplo de diplomacia personal fue la publicación de un libro sobre el Holodomor financiado por el Ayuntamiento de Buenos Aires. Gracias a la perseverancia de los representantes de Prosvita, lograron convencer al entonces secretario de Derechos Humanos de la ciudad para financiar la impresión de materiales ucranianos traducidos al español. Actualmente, este libro forma parte de la trilogía oficial argentina sobre los genocidios del siglo XX, junto al Holocausto y el Genocidio Armenio.
Sin embargo, Danylyshyn considera que la mayor victoria interna ha sido el regreso de los descendientes de inmigrantes a sus raíces, impulsado por la guerra a gran escala. Personas que durante años no mostraron interés por su origen, e incluso miembros de la comunidad judía que antes se identificaban como «rusos», ahora acuden a Prosvita en busca de sus raíces ucranianas.
Si antes de la pandemia la escuela sabatina contaba con 40 niños, hoy más de 180 personas, entre niños y adultos, participan en cursos virtuales. «Ha sido un proceso muy costoso y doloroso, pero los ucranianos en Argentina finalmente han tomado plena conciencia de que son ucranianos», concluye Danylyshyn.
Un maratón de incidencia
El presidente de Prosvita en Argentina señala que no existen recetas universales para todo el mundo, ya que cada país tiene sus propias particularidades, su propia realidad política y social, y una actitud diferente de sus gobiernos. Sin embargo, América Latina tiene reglas de juego específicas.
Aquí es fundamental aprender a pensar en categorías latinoamericanas. No basta con trasladar un programa cultural o político puramente europeo esperando obtener el mismo resultado en Sudamérica. El público local necesita formatos llamativos, de gran escala, comprensibles y capaces de generar una conexión emocional.
Además, la labor de incidencia en estos países no es una carrera de velocidad, sino un maratón.
«El trabajo no puede limitarse a una película o una exposición. Es imprescindible mantener una presencia diaria y sistemática en el espacio informativo», afirma Danylyshyn.

También es necesario construir coaliciones. En Argentina, la comunidad ucraniana logra mejores resultados cuando actúa junto a las activas comunidades de Polonia, Lituania o Letonia, que comparten una visión anticolonial y contribuyen a fortalecer las manifestaciones.
Asimismo, para poder competir en igualdad de condiciones con la multimillonaria maquinaria propagandística rusa, Ucrania necesita garantizar una presencia constante de un cuerpo diplomático activo e invertir de forma sistemática recursos estatales en grandes proyectos culturales y en la traducción al español de obras históricas.
Solo un trabajo constante, sistemático y acompañado de un profundo conocimiento de la mentalidad de la región permitirá cambiar definitivamente la situación a favor de Ucrania, concluye el vicepresidente del Congreso Mundial de los Ucranianos.