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La diplomacia cultural como emoción: cómo explican a Ucrania “con el corazón” en la India

La diplomacia cultural como emoción: cómo explican a Ucrania “con el corazón” en la India

¿Cómo hablar sobre la guerra y promover las narrativas ucranianas en países donde la influencia rusa se ha arraigado durante décadas? Marina Akram, cofundadora de la Asociación de Ucranianos en la India, conoce la respuesta. Hace 26 años se trasladó de la región de Poltava a la India. Actualmente vive junto a su esposo y sus dos hijos en el estado de Uttar Pradesh, a tan solo cinco kilómetros de Delhi.

En una entrevista exclusiva para el Congreso Mundial de los Ucranianos, Marina explicó por qué las cifras frías no funcionan en Asia, cómo la barrera del idioma puede convertirse en un arma y cuáles son los obstáculos burocráticos que enfrenta la comunidad ucraniana.

Emociones para influir, el idioma para generar confianza

La sociedad india es abierta, sincera y profundamente empática. Tener un buen corazón y mostrar compasión se considera una gran virtud. Sin embargo, la mentalidad india tiene una particularidad: las personas evitan decir un «no» directo para no ofender a los demás y pueden pasar meses prometiendo algo que, por alguna razón, no pueden cumplir. Por eso, los informes secos o los discursos oficiales resultan ineficaces. En la India es necesario actuar tanto por la vía diplomática como a través de las emociones, afirma Marina.

“Hay que presentar una imagen emocional de la guerra”, comparte. “Recuerdo que cuando los rusos entraron en Bucha y el mundo entero ya estaba gritando de horror, la India fue uno de los últimos países en mostrar esas imágenes. Pero un reconocido periodista local, Gaurav Sawant, con una audiencia enorme, publicó un reportaje. En la pantalla aparecían los cuerpos difuminados, las terribles imágenes de la manicura de una mujer asesinada… Y él repetía con una fuerza impresionante: ‘Esto es Bucha. Bucha. Bucha’. Insistía en que esto lo habían hecho los rusos. Aquello conmovió profundamente a la gente. Incluso la India, que intenta mantener la neutralidad política, lo grabó en su memoria”.

Marina está convencida de que cualquier evento ucraniano —un concierto, una exposición artística, un festival literario o de cine— debe ir acompañado de un poderoso componente visual y emocional. No basta con recitar un poema o interpretar una canción; debe ser una representación teatral capaz de hacer llorar al público y de permitirle vivir ese dolor junto con nosotros.

“Pero la diplomacia no solo trata del dolor, sino también de la belleza y la hospitalidad”, añade. Recientemente, la comunidad ucraniana, junto con la Embajada de Ucrania en la India, organizó un evento con motivo del Día de la Vyshyvanka. Lograron acondicionar el espacio y presentar reproducciones de fotografías de archivo únicas de ucranianos de distintas regiones del país, vestidos con trajes tradicionales antiguos pertenecientes al Museo Iván Honchar. Los propios ucranianos también llevaron sus vyshyvankas y prepararon comida típica.

“Yo preparé un pastel Kyiv, Yulia hizo un pastel de miel y Natalia llevó galletas en forma de nuez rellenas de leche condensada, ¡que desaparecieron en cuestión de minutos!”, recuerda Marina entre risas. “Eso es lo que despierta emociones. A través de la comida, de la conversación y de la belleza hacemos que la gente se enamore de Ucrania”.

Una de las principales fortalezas de Marina en la diplomacia cultural es su dominio de los idiomas locales: hindi y urdu. Cuando una extranjera habla con fluidez su lengua materna, esto despierta una admiración sincera entre los indios y genera confianza de forma inmediata.

También aprovecha esta experiencia en importantes escenarios internacionales, como el Festival Internacional de Literatura organizado por la Universidad de Dibrugarh, en el estado de Assam. Allí participó como autora ucraniana residente en la India, y el panel en el que intervino se desarrolló en hindi y urdu coloquiales.

Al enseñar el idioma ucraniano a estudiantes indios, Marina busca ofrecer mucho más que gramática: transmite la cultura y el vínculo emocional con Ucrania. Uno de sus alumnos, tras finalizar el curso en la International School of Languages, le confesó: “Cada vez que asistía a tus clases, sentía como si ya estuviera en Ucrania”. Más tarde visitó el país y, al regresar, dijo: “Ucrania es amor. Es el mejor lugar. Si pudiera, me gustaría vivir allí para siempre”.

La propaganda rusa: “por cantidad y carne de cañón”

La influencia rusa en la India es enorme y se ha construido durante décadas, desde la época de la Unión Soviética. Según Marina, la propaganda rusa actúa allí de la misma manera que su ejército en el frente: avanza “por cantidad y carne de cañón”.

Crean canales de comunicación (por ejemplo, recientemente apareció en el panorama mediático indio el canal RT, conocido internacionalmente por difundir desinformación y propaganda, y probablemente no sea el único caso) y compran masivamente a blogueros e influencers locales.

Debido a que durante la época soviética todo lo relacionado con la URSS se asociaba exclusivamente con Rusia, en la India casi nadie conoce a los artistas y escritores ucranianos.

“En Delhi todavía existe una calle Lev Tolstói; aquí conocen a Dostoievski, pero la ‘descomunización’ aún no ha llegado en absoluto y es necesario impulsarla. Cuando en 2014 me preguntaban de dónde era y respondía ‘de Ucrania’, me preguntaban de nuevo: ‘¿Eso es una parte de Rusia?’. Tenía que empezar desde cero a explicar que somos un Estado independiente con nuestra propia historia”, relata Marina.

La propaganda actúa de forma insidiosa, sembrando entre la población india la idea de que: “¿Por qué Ucrania necesita tantos sacrificios? Si se hubieran rendido desde el principio, no habría destrucción”.

Marina tiene que desmontar estos mitos incluso en conversaciones con los familiares de su esposo. Para ello recurre a ejemplos cercanos para ellos:

“Les digo directamente: ‘Imaginen que mañana llegan personas de China a su apartamento. Fusilan o violan a su familia, los encierran en un cuarto de almacenamiento y les dicen: ahora todo esto es mío. Y pasado mañana destruyen su edificio con bombas. ¿Qué dirían ustedes?’. Entonces guardan silencio. Solo empiezan a comprender cuando uno se los explica con ejemplos sencillos de la vida cotidiana”.

La presencia cultural ucraniana en la India sigue siendo limitada y necesita ser revitalizada. Dado que figuras como Tarás Shevchenko o Lesya Ukrainka nunca visitaron el país, resulta difícil instalar allí monumentos o placas conmemorativas.

Existen referencias aisladas a iniciativas ucranianas del pasado, pero nunca llegaron a desarrollarse de forma sistemática. Según Marina, parte de los proyectos y contactos que podrían haber fortalecido la presencia cultural de Ucrania se han perdido o permanecen suspendidos.

A pesar de ello, tiene previsto retomar la idea de desarrollar proyectos culturales y restablecer esos vínculos para promover la cultura ucraniana en la India.

Barricadas burocráticas

Uno de los mayores desafíos para la diáspora ucraniana en la India es la imposibilidad de registrarse oficialmente. Desde 2018, los activistas han presentado la documentación en tres ocasiones bajo diferentes nombres.

La legislación no prohíbe que los extranjeros registren organizaciones, pero en la práctica el proceso se retrasa constantemente. Los ucranianos incluso incorporaron a ciudadanos indios entre los fundadores, tal como exigen las normas no oficiales, pero el expediente volvió a quedar estancado.

Marina supone que esto puede deberse tanto a la rígida burocracia india como a la falta de voluntad de las autoridades locales para aprobar este tipo de iniciativas por razones políticas. Sin embargo, la comunidad no se rinde y actualmente está poniendo en marcha un nuevo “plan B”, con la esperanza de obtener finalmente el reconocimiento oficial.

A pesar de todos los desafíos —desde la asimetría informativa hasta las barreras burocráticas— la diplomacia cultural ucraniana en la India se está construyendo poco a poco a través de los vínculos humanos, las emociones y las historias personales. Son precisamente estos elementos los que se convierten en el puente que permite explicar Ucrania allí donde durante décadas han predominado otras narrativas.

Y aunque este camino es lento y complejo, ya está dando resultados: Ucrania ha dejado de ser un “país desconocido” y poco a poco se está convirtiendo en un país reconocido gracias a la experiencia, la confianza y el contacto humano directo.

 

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