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Putin busca quebrar a Ucrania mediante el terror contra la población civil

#Opinión
octubre 6,2026 19
Putin busca quebrar a Ucrania mediante el terror contra la población civil

Peter Dickinson, periodista e investigador británico, editor de UkraineAlert en el Atlantic Council, editor jefe de la revista Business Ukraine Magazine y editor de la revista Lviv Today

Fuente: Atlantic Council

Esta semana, el Presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, visitó el frente para felicitar a las unidades militares por su exitosa contraofensiva. La operación anuló los avances de Rusia durante más de un año y frustró los planes del Kremlin de cercar el estratégico cinturón de ciudades fortaleza del Donbás. El éxito de la operación «Vivaldi» demostró la pericia de Ucrania en la guerra con drones y confirmó su capacidad para seguir derrotando a las fuerzas de ocupación rusas.

Sin embargo, fuera del campo de batalla, la situación resulta mucho más favorable para el Kremlin. En los últimos meses, se ha vuelto cada vez más evidente que Rusia mantiene la superioridad aérea. Ahora Putin pretende aprovechar esa ventaja para quebrar la resistencia ucraniana mediante una campaña sistemática de terror contra la población civil: los bombardeos masivos buscan paralizar la vida cotidiana y hacer que una parte considerable del país resulte inhabitable.

La actual superioridad aérea de Rusia responde a varios factores. Desde principios de 2026, la capacidad de Ucrania para interceptar ataques balísticos ha disminuido considerablemente debido al agotamiento crítico de las reservas de misiles interceptores para los sistemas Patriot. Dado que las reservas mundiales de estos misiles se han visto amenazadas por su uso sin precedentes durante la campaña militar de Estados Unidos contra Irán, las ciudades ucranianas han quedado desprotegidas frente a los misiles balísticos rusos. El Kremlin conoce bien esta vulnerabilidad, por lo que ha incrementado la producción y modernizado su arsenal existente, lo que ha provocado una serie de ataques balísticos de una magnitud récord en las últimas semanas.

Paralelamente, Rusia ha desarrollado una nueva generación de drones a reacción con mejores características tácticas y técnicas. Son más del doble de rápidos que sus predecesores de hélice, lo que dificulta considerablemente su interceptación. Los desarrolladores ucranianos de tecnologías de defensa buscan frenéticamente soluciones para contrarrestar estos drones a reacción, pero se necesitarán meses para fabricar y desplegar una cantidad suficiente de nuevos sistemas. Mientras tanto, decenas de letales drones a reacción atraviesan cada día las debilitadas defensas antiaéreas y atacan objetivos en todo el país.

La superioridad aérea de Rusia está transformando radicalmente la situación de seguridad de la población civil ucraniana. La intensificación de los ataques balísticos ha provocado un fuerte aumento de las víctimas civiles: según datos de la ONU, en julio el número de muertos aumentó un 70 % en comparación con el mismo período del año anterior. Al mismo tiempo, los incesantes ataques diurnos con drones a reacción desorganizan la vida en las grandes ciudades ucranianas: se interrumpen las actividades de escuelas, oficinas, empresas y transporte público.

Por supuesto, los ataques contra la población civil no son ninguna novedad. Desde los primeros días de la invasión a gran escala, las fuerzas rusas han destruido deliberadamente infraestructuras civiles, y durante la toma de Mariúpol, al comienzo de la guerra, murieron decenas de miles de civiles. En cada uno de los cuatro inviernos de guerra, Moscú ha intentado congelar a los ucranianos y obligarlos a capitular mediante bombardeos contra el sistema energético. Sin embargo, la mayoría de los analistas coinciden en que la campaña actual tiene una naturaleza radicalmente distinta y una escala mucho mayor.

El Kremlin ha abandonado definitivamente sus intentos de disimular su táctica de terror y ahora ataca abiertamente una amplia variedad de instalaciones civiles. En los últimos días, los drones rusos a reacción han golpeado la Academia Nacional de Ciencias de Ucrania, en el centro de Kyiv, así como hospitales, escuelas, supermercados, gasolineras, centros de conexión a internet, centros empresariales y, en repetidas ocasiones, uno de los puentes más transitados sobre el río Dnipró.

Estos objetivos parecen haber sido seleccionados específicamente para provocar la máxima perturbación y generar una sensación generalizada de inseguridad entre la población civil. El semanario británico The Economist ha calificado la intensificación de los ataques rusos como una campaña de error destinada a agotar a la población ucraniana y paralizar la vida cotidiana en la capital.

Paralelamente, el Kremlin busca destruir el potencial económico de Ucrania para continuar la guerra. Las incesantes alarmas antiaéreas provocadas por los ataques de drones a reacción durante las 24 horas del día paralizan la actividad empresarial y le cuestan a Ucrania aproximadamente 45 millones de dólares por hora. Una serie de ataques con misiles balísticos rusos en los últimos meses ha devastado la industria siderúrgica, vital para la economía del país, y ha obligado a numerosas grandes plantas metalúrgicas a suspender sus operaciones. En el sur, los ataques aéreos rusos contra las infraestructuras portuarias y el tráfico marítimo también han provocado el cierre de los principales puertos ucranianos del mar Negro, que tradicionalmente han sido la principal vía de acceso a los mercados mundiales para las exportaciones agrícolas e industriales de Ucrania.

Putin ha reafirmado sus intenciones al atacar la red ferroviaria de Ucrania y ordenar ataques aéreos cerca de los pasos fronterizos que conectan el país con sus vecinos europeos. Los ataques rusos contra la red ferroviaria ucraniana representan una doble amenaza para la población civil y la economía del país, ya que la mayor parte de las mercancías se transporta por tren y millones de ucranianos dependen del ferrocarril para desplazarse durante la guerra.

Crece ahora el temor a que la campaña rusa de bombardeos terroristas se intensifique considerablemente en las próximas semanas. Funcionarios y analistas ucranianos creen que el Kremlin ha acumulado grandes cantidades de misiles balísticos y drones a reacción, y que tiene planes para aumentar drásticamente los ataques a medida que se acerca el invierno. Según el diario The New York Times, la estrategia rusa contempla ataques sin precedentes contra los sistemas eléctricos, de calefacción y de abastecimiento de agua de Ucrania. El objetivo de esta escalada será quebrar la moral de los ucranianos y crear las condiciones para que Kyiv capitule.

Desde el comienzo de la invasión a gran escala de Rusia, la población ucraniana se ha ganado una reputación de resiliencia sin igual. Es probable que el próximo invierno ponga a prueba esa legendaria resistencia hasta el límite. A medida que se acerca la estación fría, el país necesita urgentemente apoyo internacional para evitar un posible colapso.

La necesidad más apremiante de Kyiv es disponer de más misiles interceptores para los sistemas Patriot. Dado que actualmente se producen cantidades insuficientes de estos interceptores, los países aliados deberán recurrir a sus propias reservas limitadas si desean ayudar a proteger Ucrania frente a la ofensiva rusa con misiles balísticos. También se necesitan financiación adicional y apoyo tecnológico para ampliar la producción de interceptores ucranianos capaces de neutralizar los drones rusos a reacción.

Es fundamental que los socios de Kyiv encuentren decenas de miles de millones de dólares para cubrir los déficits, cada vez mayores, del presupuesto ucraniano, que de otro modo podrían socavar el esfuerzo bélico y allanar el camino hacia una victoria rusa. Se trata de una petición especialmente impopular en un momento en que muchos países europeos afrontan sus propias dificultades financieras internas, pero no actuar podría tener consecuencias desastrosas que se sentirían mucho más allá de las fronteras de Ucrania.

La actual campaña de terror de Putin es la señal más reciente de que no tiene interés en alcanzar una paz basada en compromisos y de que pretende intensificar la invasión. El dictador del Kremlin sigue decidido a acabar con la condición de Ucrania como Estado soberano y a restaurar el estatus de Rusia como superpotencia. Si consigue someter a Ucrania, su política exterior expansionista quedará reivindicada y pasará a controlar personalmente los dos ejércitos más poderosos de Europa. En tales circunstancias, pensar que Putin simplemente se detendrá es una ilusión.

El control ruso sobre Ucrania socavaría drásticamente la seguridad europea y haría necesario un aumento masivo del gasto en defensa, cuyo coste superaría ampliamente el actual gasto destinado a apoyar a Kyiv. Por ello, a Europa le interesa redoblar ahora sus esfuerzos y garantizar que los ucranianos reciban todo lo necesario para sobrevivir al próximo invierno y continuar defendiéndose de la invasión rusa.

Fotografía: Servicio Estatal de Emergencias de Ucrania (DSNS).

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