A pesar del apoyo financiero y militar sistemático de la Unión Europea a Ucrania, la cuestión de los visados para los ciudadanos rusos sigue poniendo de manifiesto profundas divisiones internas entre los líderes europeos.
Según informó Euronews el 9 de julio, la UE ha comenzado a debatir una versión considerablemente más limitada de la prohibición de conceder visados a militares y veteranos rusos. Se vieron obligados a suavizar la propuesta inicial, mucho más estricta, después de que Francia e Italia se opusieran a ella.
Estas vacilaciones se producen mientras la retórica oficial de Bruselas sigue siendo firme y la presión mediante sanciones, al menos formalmente, no disminuye. Sin embargo, son precisamente estas decisiones puntuales, aparentemente menores, las que mejor reflejan el verdadero grado de coherencia de los dirigentes europeos respecto a los ciudadanos del Estado agresor.
Zenon Koval, miembro del Comité Ejecutivo del Congreso Mundial de los Ucranianos (CMU), asesor político del Congreso Europeo de los Ucranianos y de la Asociación de Ucranianos en Bélgica, y asesor especial de la Embajada de Ucrania en Bélgica (1992-1995), explicó en una entrevista para el CMU los motivos ocultos de las capitales europeas y las acciones que la comunidad ucraniana puede emprender para influir en la política de la UE.
De 4 millones a 500.000
Hasta 2022, Rusia disfrutaba de un régimen preferencial de expedición de visados, establecido en 2007, conocido como el régimen simplificado de visados Schengen, que facilitaba los trámites y permitía obtener visados de entradas múltiples. Tras la invasión a gran escala, este régimen fue suspendido.
Las consecuencias fueron significativas: si en 2022 la UE concedió a ciudadanos rusos cerca de cuatro millones de visados, para 2025 esa cifra se redujo a aproximadamente 500.000, una disminución del 75 %. En noviembre del año pasado también se prohibió la expedición de visados de múltiples entradas para ciudadanos rusos, dando otro paso hacia mayores restricciones.
No obstante, esos 500.000 visados no se distribuyen de forma uniforme entre los Estados miembros. La inmensa mayoría son emitidos por solo tres países:
* Francia: alrededor de 180.000 visados.
* Italia: alrededor de 160.000 visados.
* España: tercer lugar.
No es casualidad que estos tres países del sur de Europa dependan especialmente del turismo. Según Koval, detrás de cualquier restricción —o de su ausencia— siempre existe un componente económico.
La situación se tensó cuando once países, principalmente del noreste de Europa, incluidos Islandia y Noruega (que no pertenecen a la UE, pero forman parte del espacio Schengen), se pronunciaron públicamente contra la política de Francia, Italia y España. Entre los impulsores figuran Chequia, Dinamarca, Estonia, Suecia y Polonia, que exigen a la Comisión Europea bloquear por completo la expedición de visados Schengen para ciudadanos rusos.
Aquí se manifiesta un problema institucional fundamental, explica Koval. Aunque el espacio Schengen se regula a nivel de la UE, la decisión de conceder un visado concreto sigue siendo competencia de cada Estado miembro.
Según Koval, resulta revelador que los países geográficamente más cercanos al frente y a las fronteras con Rusia sean los que defienden con mayor firmeza las restricciones. Perciben la amenaza de forma mucho más directa y, por ello, su postura tiene un carácter mucho más político y de seguridad que la de los países situados a miles de kilómetros del conflicto.
Seguridad y moral
Entre los argumentos que podrían influir en la posición de Francia, Italia y España, Zenon Koval destaca principalmente el de la seguridad, dentro del contexto de la guerra híbrida.
La concesión poco controlada de visados crea una vía de entrada para personas que, bajo la apariencia de turistas o empresarios, pueden tener misiones de desestabilización, división social o apoyo a movimientos extremistas.
No se trata de una cuestión de turismo, sino de la seguridad política de toda Europa y no únicamente de un país en particular.
Los Estados que ya han experimentado elementos de la guerra híbrida —como ciberataques contra hospitales, infraestructuras críticas o instalaciones nucleares— son aliados naturales en este debate, ya que comprenden mejor los riesgos.
Es importante señalar que el argumento moral («no se puede castigar a la población por las acciones de su gobierno») también está presente en la discusión. Sin embargo, según el experto, es el argumento de la seguridad el que tiene mayor potencial para convencer a los países alejados físicamente del conflicto y que todavía no perciben la amenaza de manera directa.
Respecto a la decisión concreta de facilitar la entrada a militares rusos, Koval señala que el riesgo depende de si la persona, además de su experiencia militar, cumple también funciones encubiertas. Los servicios de seguridad de los países que conceden los visados suelen mantener bajo vigilancia a estas personas.
Al mismo tiempo existe un importante factor económico: el gasto de los turistas rusos sigue siendo considerable para la industria turística, y las sociedades del sur de Europa ya se han acostumbrado, en cierta medida, a su presencia en los destinos vacacionales.
Si no se trata simplemente de turismo, sino de una política coherente de apoyo a Ucrania, la libre circulación de ciudadanos del país agresor contradice esa lógica. Las categorías que deberían seguir teniendo acceso a visados —disidentes, periodistas, representantes de la sociedad civil y personas con vínculos familiares en la UE— deben definirse mediante criterios claros y no a través de una flexibilización general.
La relajación de las restricciones para militares rusos coincide además con otras señales, como el regreso de Rusia a determinados eventos deportivos y culturales, entre ellos la Bienal de Venecia de este año.
Sin embargo, Koval menciona un ejemplo en sentido contrario: la Comisión Europea canceló la financiación (unos 2 millones de euros) destinada a la participación de Rusia en futuras bienales. Esto demuestra una lógica que las comunidades ucranianas deberían comprender: en ocasiones la UE «pone a prueba» la reacción de Rusia mediante pequeñas concesiones y, si la respuesta no resulta adecuada, esas concesiones pueden retirarse. No se trata de un proceso lineal, sino de una sucesión de pasos de prueba en ambas direcciones.
Guía práctica para las comunidades
Zenon Koval señaló varias líneas de actuación concretas para las comunidades y organizaciones ucranianas en los países de la UE.
1. Comprender la estructura del problema antes de actuar
No tiene sentido dirigir las peticiones a la Unión Europea en su conjunto, ya que la expedición de visados es competencia de cada Estado miembro.
Lo más eficaz es:
* Dirigirse directamente a los gobiernos de Francia, Italia y España, ya que son quienes conceden la mayor cantidad de visados.
* Respaldar y reforzar la voz de los once países que ya promueven el bloqueo total de visados (Chequia, Dinamarca, Estonia, Suecia, Polonia y otros), coordinando acciones con sus organizaciones civiles.
2. Utilizar el argumento de la seguridad, no solo el moral
En la comunicación con gobiernos y medios de comunicación del sur de Europa conviene:
* Destacar ejemplos concretos de amenazas híbridas, como ciberataques contra hospitales o infraestructuras energéticas.
* Explicar claramente el mecanismo: una expedición de visados insuficientemente controlada puede convertirse en una vía de acceso para agentes de influencia, y no únicamente para turistas.
* Evitar una retórica fácilmente descalificable como «emocional» y apoyarse en precedentes concretos de incidentes de seguridad ocurridos en Europa.
3. Ejercer presión mediante cartas y peticiones oficiales
Aunque los gobiernos ya disponen de información procedente de los servicios de inteligencia y seguridad, la presión organizada y constante mediante cartas, peticiones y comunicaciones dirigidas a los ministerios competentes sigue siendo una herramienta eficaz, especialmente cuando está coordinada entre comunidades de varios países.
4. Reaccionar públicamente ante decisiones concretas
El ejemplo de la flexibilización de visados para militares demuestra que la respuesta debe ser rápida y centrarse específicamente en la medida adoptada.
Es recomendable:
* Preparar comunicados públicos breves inmediatamente después de conocerse decisiones de este tipo.
* Implicar a los medios de comunicación locales explicando cómo esas decisiones afectan a la seguridad del propio país.
5. Mantener la presión también en los ámbitos cultural, deportivo y financiero
El caso de la retirada de la financiación al pabellón ruso en la Bienal demuestra que los resultados también pueden alcanzarse fuera del ámbito de los visados.
Las comunidades deberían seguir de cerca y reaccionar ante:
* La participación de Rusia en eventos culturales y deportivos financiados por instituciones europeas.
* Los casos en los que la suspensión del apoyo a Rusia haya sido consecuencia de la presión pública, utilizando esos precedentes como argumento en futuras campañas.
6. Complementar la labor diplomática con la presión ciudadana
Koval subraya que una parte importante del trabajo eficaz se desarrolla a través de canales diplomáticos y de seguridad que no siempre son públicos.
El papel de la sociedad civil no consiste en sustituir esa labor, sino en:
* Mantener una presión constante para que los representantes oficiales no pierdan el foco.
* Reaccionar rápidamente ante decisiones de gran repercusión para demostrar que la sociedad permanece vigilante.
7. No esperar un progreso lineal
También es importante explicar a las comunidades y al público en general que el proceso dentro de la UE no es lineal. Los períodos de flexibilización pueden alternarse con un endurecimiento de las restricciones, dependiendo del comportamiento de Rusia. Comprender esta dinámica ayuda a gestionar las expectativas y evita la frustración o la apatía.
La política de visados de la Unión Europea hacia los ciudadanos rusos no representa una posición única de los 27 Estados miembros, sino un escenario de tensión constante entre los intereses económicos de varios países del sur de Europa y las preocupaciones de seguridad de los Estados geográficamente más próximos al frente.
Las comunidades ucranianas logran el mayor impacto cuando trabajan de forma específica: dialogando con gobiernos concretos, utilizando argumentos sólidos basados en la seguridad y coordinándose con los socios europeos que ya apoyan la restricción total de visados para los ciudadanos del Estado agresor.
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